miércoles, 16 de mayo de 2018

Entre hienas en Libros y Literatura

Entre hienasPese al innegable interés histórico de Entre hienas, debo reconocer que lo que me llamó la atención de esta novela fue básicamente literario, o tal vez no, pero desde luego sí que sentí un gran interés por descubrir la manera en la que la autora podría gestionar el equilibrio entre la parte histórica, la literaria y la personal. Me explico, vean lo que dice la propia autora al protagonista:
Poco antes de morir quisiste dictarme tus memorias. Insistías en contarme tus recuerdos y yo porfiaba en mostrarte mi desprecio […] Mientras busco más datos para recomponer tu verdadera historia, intento recuperar del olvido a vuestras víctimas para así liberarme del lastre de tu infamia y poder seguir viviendo con dignidad. Me debes que te rescate de la eterna noche en la que deberías haber permanecido.
Loreto Urraca Luque rescata en Entre hienas el recuerdo de su propio abuelo, legítimo dueño de esa infamia de la que ella, apellido mediante, desea liberarse mediante el exorcismo de escribirlo. Convendrán conmigo que es un punto de partida sumamente original, pero sin embargo también muy arriesgado. Todo el interés que tiene la historia desaparecería si se plasmase en una revancha, en un ajuste de cuentas personal.
El peligro desaparece pronto, desde el principio queda claro que es un trabajo muy serio, con un esfuerzo de documentación digno de mención y con el mérito añadido de ser un trabajo novelado, lo que convierte en ameno lo interesante.

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lunes, 23 de abril de 2018

La nieta del 'cazador de rojos': "Mi abuelo era un represor franquista"

 
Unamuno: agente E-8001 de la Gestapo. Bajo el seudónimo está Pedro Urraca, el agente franquista en la Francia ocupada por los nazis que detuvo al político catalán Lluís Companys antes de ser fusilado por el régimen, rastreó al que fuera presidente de la República Manuel Azaña y propició la captura del líder de la resistencia francesa, Jean Moulin. Su nieta, Loreto Urraca, siente "desprecio" por el cazador de rojos. Y ha escrito su historia en un ajuste de cuentas literario que destapa las alcantarillas de la represión de Franco.
Loreto Urraca Luque conoció a su abuelo con 18 años, en 1982. Antes apenas supo de él, hasta que el azar trajo a sus manos un recorte de prensa de un reportaje de El País titulado El cazador de rojos que contaba la verdadera identidad de Pedro Urraca Rendueles. Era el año 2008. Desde entonces bucea en archivos para trazar la huella criminal de su abuelo, retratado en la novela biográfica  Entre hienas (Editorial Funambulista) que acaba de publicar.
La autora certifica con su trabajo la estrecha colaboración durante la Segunda Guerra Mundial entre el franquismo, la Alemania nazi de Adolf Hitler y la policía del régimen de Vichy en la Francia ocupada del mariscal Philippe Pétain. El trayecto existencial de Urraca sirve como ejemplo del auxilio entre los aliados fascistas y  Entre hienas arroja luz a la Memoria Histórica desde el aporte de una descendiente de franquistas.

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jueves, 19 de abril de 2018

Reseña de Guillermo Jiménez en Goodreads de «La piscina» de Yoko Ogawa.

Primera novela que leo de Ogawa, en la que conocemos la historia de Aya, una adolescente que es criada por un par de padres abocados a una especie de proyecto evangelizador, al mismo tiempo que manejan una casa hogar de acogida para huérfanos.

Aya está enamorada de uno de los huérfanos que llegó a la casa cuando niño: Jun; él, como otros, fue a dar a la casa porque sus padres no podían hacerse cargo de ellos, ya sea como en su caso porque su madre era una alcohólica, o como Rie, de quien sus padres perdieron la razón y terminaron en un psiquiátrico.

La narración es cálida, sin nunca llegar a ser condescendiente; nos va llevando a los lectores por un par de imágenes muy minimalistas, que nos dan una cabal idea de qué universo es el que rodea a Aya, de su forma de pensar y de sentir, de lo que podemos adivinar que son sus desahogos, y de la inconsciencia que puede rodear a cualquiera, sea joven o no, cuando la razón se nos nubla por ver nuestros deseos interrumpidos.

Hay una parte mínima en la novela, puesto que son apenas unos párrafos, pero, si el libro se titula La piscina (espero que la traducción sea fiel al original) debe ser de vital importancia para la comprensión de la historia: es una conversación entre Aya y Jun donde platican los momentos que Aya dedica a espiar a Jun entrenar en la alberca de clavados; porque Jun es un clavadista que asegura que “cuando salto no tengo tiempo para sentirme perdido” [...] “En mi vida las cosas han salido bastante torcidas desde que nací, así que por lo menos cuando estoy en el trampolín me concentro en saltar bien derecho” (p. 95).

Una belleza de desenlace.

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"Corazón de las tinieblas" en Letras en Vena

Cuando Conrad inició la escritura de El corazón de las tinieblas hacía más de 10 años de su visita al Congo, viaje que le marcó profundamente. Su experiencia en las entrañas de África – en pleno corazón del continente – lo marcó de una manera terrible, diríase traumática. Su paso por la excolonia belga supuso para Conrad su particular descenso a los infiernos, un peculiar purgatorio en el que fue testigo de las atrocidades y desmanes que los colonos europeos infringían a la población nativa, bajo la excusa de civilizarlos.
El corazón de las tinieblas es la historia del viaje a África del marinero y aventurero –alter ego de Conrad- en busca de Kurtz, un agente comercial enviado por una gran compañía europea para la recolección de marfil en el corazón del Congo, que acabará transformándose en una historia introspectiva sobre el viaje interior de . Las fuerzas primitivas de la naturaleza  – en su condición más descarnada y brutal- se contraponen a lo largo del relato con las fuerzas salvajes que habitan en el interior de los hombres, especialmente de los brutales colonos y su trato hacia los nativos, entremezcladas en un viaje psicológico que conducen a a redescubrir su propia naturaleza y la del ser humano.
A lo largo de su viaje a través del inmenso Congo, Marlow irá reconstruyendo y mitificando la figura de Kurtz, el hombre al que debe encontrar. A partir de las conversaciones que va manteniendo con amigos, familiares, subordinados y colegas de Kurtz y de los documentos que estos le prestan, iremos conociendo a Kurtz al mismo tiempo que Marlow, descubriendo a un hombre peculiar, visionario, iluminado ilustrado que ha conseguido dominar el territorio en el que reina. Kurtz se nos presenta como un hombre adelantado a su tiempo que se ha fijado la meta de ser el mejor en su trabajo y que no teme ir hasta el particular infierno verde que representa el Congo. Ambos personajes van entremezclándose el uno en el otro a menudo que avanza el relato, compartiendo sendas, vivencias y entrelazando sus destinos.
El encuentro de Marlow con Kurtz no puede ser más revelador: éste se ha convertido en un rey que domina un reino con horror y brutalidad, abandonando cualquier rastro de humanidad y raciocinio que algún día se guardará en su interior. Kurtz es un dios hecho hombre que gobierna sobre una tribu de nativos africanos a los que ha dominado ejerciendo un régimen de terror centrado en brutales castigos y en una descarnada dominación, metáfora de la corrupción y el ansia de conquista y explotación de los colonos europeos en África. Kurtz ejemplifica los instintos más salvajes y descarnados que subyacen en el interior del hombre civilizado, quien dotado de poder y ajeno a las normas sociales de la sociedad contemporánea da rienda suelta a sus instintos más depravados, aunque finalmente será vencido y dominado por la influencia primigenia de la naturaleza a la que intenta dominar.

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martes, 10 de abril de 2018

Pedro Urraca, el hombre de Franco en Francia

El próximo mes de junio se cumplen 75 años de la captura de Jean Moulin, el líder de la resistencia francesa. Pero todavía quedan algunos detalles por esclarecer sobre su muerte. Uno de ellos, no menor, es si en su detención, la Gestapo recibió la ayuda de Pedro Urraca, una de las figuras más oscuras del espionaje español.
Su nieta, Loreto Urraca, así lo cree y reconstruye aquellos hechos en Entre hienas (Funambulista), una apasionante novela que sigue a Urraca desde el final de la Guerra Civil a la liberación de París por los aliados, sus movimientos en suelo francés. Uno de los periodos más oscuros de Francia en el que el colaboracionismo y la persecución de los judíos se entremezclan con la caza de los rojos españoles que habian huído a Francia escapando de la guerra y Franco para encontrarse, poco después, con otro horror: el nazi.
Urraca fue también el hombre que llevó a España al president Lluís Companys. La entrega se produjo en Hendaya. Urraca disparó una fotografía de él, la última que existe de Companys con vida. También le regaló una postal que había comprado en Biarritz para que pudiera despedirse de su mujer con unas líneas. Poco después de su entrega, Companys sería fusilado en Montjuïc.
La historia familiar de Loreto y cómo acabó escribiendo Entre hienas también daría para una novela. «Mi padre nos abandonó cuando yo tenía cuatro años y reapareció con una llamada por teléfono desde Francia cuando cumplí 18 años, en 1982. Le conocí a él y a sus padres unos meses después. En los siguientes años y hasta que mi abuelo Pedro Urraca cayó enfermo hacia 1987 nos vimos en algunas ocasiones, pero yo intentaba espaciarlas lo más posible, porque no me era agradable su compañía». Antes de morir en 1989, Urraca intentó recuperar el tiempo perdido y acercarse a su nieta. Quiso dictarle sus memorias. Ella se negó. «Le fui dando largas hasta que cayó en coma. Cuando murió, yo ya ni siquiera vivía en España», recuerda.

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Cartarescu, autor de "Cegador" y "Por qué nos gustan las mujeres" gana el Premio Formentor 2018

"Sólo quiero desenmascarar la realidad, abrir puertas a laberintos imposibles de desentrañar y para ello escribiría aunque no quedase ni un sólo lector en el mundo", dice de sí mismo Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956). Este gran escritor rumano fue galardonado este lunes en Buenos Aires con el Premio Formentor de las Letras 2018 en reconocimiento al conjunto de su obra, "destinada a impulsar la transformación radical de la conciencia humana", según el fallo del jurado.
"En su obra evidencia la realidad de la cartografía de la memoria, la libertad de la imaginación y la pulsión de los deseos", valoró el jurado, presidido por Basilio Baltasar y formado por Alberto Manguel, Andrés Ibáñez, Francisco Ferrer Lerín y Aline Schulman. El fallo destacó también la fuerza narrativa con la que el autor de Solenoide "ha sabido expandir los límites de la ficción".

"Enorme emoción"

"Me siento enormemente honrado por la concesión de este premio, que acepto del modo más humilde y con enorme emoción, puesto que el Formentor es uno de los premios literarios más prestigiosos", dijo Cartarescu al ser informado sobre el galardón. "Mi humildad se acentúa cuando me comparo con los brillantes escritores que me antecedieron, a quienes no solamente respeto sino que han sido mis maestros en múltiples sentidos", agregó el autor rumano más reconocido en el mundo.
Cartarescu se destacó en sus inicios como poeta con El Levante (1990), escrito en plena dictadura de Ceausescu. Tres años después dio el salto a la narrativa con Nostalgia y siguió con Lulu (1994) y la trilogía Cegador (1996-2007). En 2010 publicó el libro de relatos Las bellas extranjeras y en 2012, El ojo castaño de nuestro amor. Su última novela, Solenoide, es una novela monumental en la que resuenan ecos de Pynchon, Borges y Kafka.

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