viernes, 27 de abril de 2012

“El caso del bar Balto” Faïza Guène en Melibro.com


Traducción: Alicia Huici Montagud.
Joël Morvier, propietario del bar Balto, ha aparecido asesinado brutalmente en su propio establecimiento. El policía encargado del caso interrogará uno por uno a todos los clientes del bar, con el fin de dar con el homicida del dueño del local, que es el punto de encuentro del barrio.
Los personajes que desfilan por la comisaría, proporcionando al agente su versión de los hechos, están perfectamente recreados: su lenguaje es tan real como ellos mismos. Faïza Guène nos muestra la Francia más profunda y cruda, la que nada tiene que ver con los encantos de la ciudad del Sena ni con la bohemia parisina recreada en tantas novelas.
Magali Fournier, Madame Yéva, Jacques, Tàniel, Yeznig…son todos personajes a pie de calle, sinceros, sin artificio alguno. Cada uno forma parte de las esencia de  Joigny –les-Deux-Bouts, ese barrio de París inventado: en palabras del propio Morvier(el cadáver parlante): «Un lugar, donde, con seguridad, nunca pondréis un puto pie». Entre todos ellos se encuentra el verdugo de Morviery cualquiera podría serlo, ya que todos parecen tener al menos un motivo para haber cometido el crimen.
Magalie Fournier es, de entre todos los personajes que aparecen en la novela, uno de los que más juego da: novia de Tàniel, deseada por Alí, criticada por Morvier…ella sale airosa (o al menos lo intenta) de todas las situaciones. Deslenguada, engreída, insoportablemente superficial y muy muy real. Seguro que todos conocemos una y seguro que, a ratos, nos ha hecho reír.
Yeznig es casi el contrapunto a Magalie. Carece de esa verborrea y descaro. Es un chico de trece años con deficiencias psíquicas, al que su madre (Madame Yéva) trata como un bebé y del que Morvier se aprovecha. Será, sin embargo, una pieza fundamental para la resolución del caso.
«El caso del bar Balto» no es una novela policiaca, es una novela que nos habla del desarraigo, de las dificultades de aquellos que ocupan el último lugar en la sociedad, del racismo, de la intolerancia…Todo ello está en la novela pero Guène nos da un respiro y el humor, aunque sea negro, está presente durante todo el relato.
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viernes, 20 de abril de 2012

Inteligentísima mezcla de sátira social y elaborada farsa, "El fantasma de Canterville", de Oscar Wilde (Brightman's attic blog)



Inteligentísima mezcla de sátira social y elaborada farsa, El fantasma de Canterville (originalmente publicada en 1887) es una de las piezas más deliciosas y elegantes del gran Oscar Wilde. Una sofisticada familia norteamericana, los Otis, compra el añejo castillo inglés de los Canterville. El anciano dueño les habla entonces de que en la mansión habita desde tiempos inmemoriales el colérico fantasma de Lord Simón Canterville, que mató a su esposa y cuyo cuerpo desapareció después misteriosamente. Lejos de amedrentarse, los inquilinos compran el castillo con fantasma incluido, y acaban sometiendo al pobre espectro anacrónico, que acaba siendo juguete y víctima de los dos niños terribles de la familia. Tal vez sea El fantasma de Canterville la novella más conocida y celebrada de Wilde, que ha pasado por méritos propios a la lista de obras inolvidables y fundamentales de la literatura universal.





«El fantasma de Canterville se quedó unos instantes petrificado de ira; después arrojó al suelo furiosamente el frasco y salió huyendo por el corredor, emitiendo gritos cavernosos y despidiendo una luz tétrica de color verde. Pero al llegar al rellano de la escalera de roble, se abrió de golpe una puerta y aparecieron dos niños vestidos de blanco. Una gruesa almohada salió disparada y pasó rozando la cabeza del fantasma».

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martes, 17 de abril de 2012

Trivium, de Enrique Badosa, en Cuadernos del Sur

"Un clásico de nuestro tiempo", artículo de Carlos Clementson sobre Trivium, de Enrique Badosa (Funambulista, 2010)

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lunes, 16 de abril de 2012

La vida singular de Albert Nobbs, de George Moore (fromisiblog)




albert-nobbs
Albert Nobbs es un extraño camarero del hotel Morrison’s, en Dublín, que vive para trabajar y agradar a los clientes. Nunca se le ha visto derrochar el dinero, confraternizar con otros empleados o invitar a salir a ninguna chica.
Y es que Albert Nobbs es una mujer, aunque nadie lo sabe.
Cierto día, por una desafortunada casualidad, Albert tiene que compartir su cuarto -y su cama- con otro hombre que acaba conociendo su secreto. Pero no penséis que habrá un escándalo en el Morrison’s, no: este hombre le abrirá a Albert un mundo nuevo de posibilidades, porque por tener un secreto no significa que no pueda ser tan feliz como cualquier otro hombre (o mujer).
Poco más quiero contar de este relatito tan corto, para que lo descubra el que se anime a leerlo. Se lee en un suspiro y te hace recapacitar mucho sobre el personaje de Albert. Es cierto que plantea el tema de la homosexualidad, de la adopción por parte de una pareja de mujeres, etc., muy controvertidos en la época en la que fue escrito, pero yo creo que lo que más brilla en el relato es la soledad de Albert: lleva tanto tiempo escondiéndose para esconder así su secreto que le vemos como una persona completamente sola, desvalida e incapaz de establecer una relación mínimamente cercana con otro ser humano. Y eso que es amable, paciente y generoso (¿o generosa?). Además, la historia que hay detrás te llena de rabia contenida: mujeres que se hacen pasar por hombres para tener un sueldo y un trabajo dignos, cuando siendo mujeres ni siquiera hubieran tenido la oportunidad de demostrar si sirven o no para esos trabajos.

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viernes, 13 de abril de 2012

El leopardo de la medianoche, de James McClure, en el blog yonosoyfunes

El leopardo de la medianoche

La portada de la novela incluye una tajante frase de Kingsley Amis: «Hay más penetración, más vida y más arte en las novelas de McClure que en todos los autores respetuosamente reseñados en cualquier suplemento cultural». Suele ser el problema de los subgéneros -la novela negra, la ciencia ficción, la novela rosa-, que a veces esconden tesoros realmente valiosos que el establishment cultural se resiste a reconocer. Con todo, la Guía de la novela negra de Héctor Malverde, editada por Errata Naturae en 2010, no lo incluye en un valioso -hay quienes dicen que canónico- listado de autores del género. J.M. Coetzee -hay quien dirá que naturalmente- no habla de McClure en sus ensayos sobre narrativa sudafricana. Es que McClure es sudafricano, nacido en 1939, y le dio forma a su serie de novelas policiales protagonizadas por el teniente Kramer -afrikaner, es decir, descendiente de holandeses- y el sargento Zondi -bantú, es decir, negro originario- a partir de 1971; The caterpillar cop (traducida como El leopardo de la medianoche) es de 1972. Para más señas, en 1965 McClure se exilió voluntariamente en el Reino Unido y todavía escribe.
Se trata, pues, de una novela policial ambientada en la Sudáfrica del apartheid; y lo más interesante es que, aparte de ser una excelente novela de género, de una vitalidad que asombra (y por eso rescaté la cita de Amis), trata con singular maestría las tensiones derivadas de la segregación racial. Es decir, las asume de manera natural, sin ánimo de denuncia ni aspavientos de superioridad ética. En ese momento era la manera en que se constituía la sociedad sudafricana y McClure la muestra en toda su crudeza en  el tramado de barrios, jerarquías, idiomas y prácticas cotidianas de los distintos grupos raciales y culturales, con tal naturalidad que cuesta muy poco entrar en sus códigos y entender tensiones que a veces son muy sutiles. Porque, además, la trama de la novela es inseparable de la trama social y política del país, aunque discurra por tópicos más universales: la protección de la honra familiar, el mantenimiento del status, el brutal desprecio por las vidas ajenas si se trata de proteger el libre desarrollo de los cercanos. La novela comienza con un asunto clásico: hay un crimen que parece obra de un psicópata y, por tanto, muy difícil de resolver, puesto que la casualidad desempeñaría entonces un papel relevante. Un adolescente aparece asesinado con características rituales; un asesino sexual anda suelto es la conclusión fácil, pero un pequeño detalle revela que se trata de un acto planificado con antelación. Entonces comienzan a funcionar las herramientas clásicas de la investigación policial, las causas, los motivos, laq premeditación versus el azar. Entonces se muestra que lo diferente es el tipo de datos relevantes. Que el  muerto sea un adolescente afrikaner libera de culpa, en principio, a los negros; que ese adolescente blanco merodeara por barrios ingleses añade solo interrogantes. La reconstrucción del puzzle es tanto más atractiva en cuanto Kramer y Zondi deben agotar todas las variantes de ese tipo. La locura que se respira en el relato no suena, en ese contexto, nada de discordante.
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jueves, 12 de abril de 2012

La residencia de estudiantes, de Yoko Ogawa, en Caminando entre Libros

El año pasado había leído dos novelas de esta autora, La formula preferida del profesor y El perfume de hielo (que tengo sin reseñar). Me enamoró la forma de escribir de esta autora, así que cuando salió a la venta La residencia de estudiantes, no dudé en comprarla.

Otro de los motivos que me llevaron a comprarlo es que me gustan mucho las ediciones de Funambulista – que aunque suelen contener algunas erratas – el papel y la calidad de la portada me parecen muy logradas. Si además le unimos a un precio muy asequible (menos de 10 euros), no lo dudé.

Podríamos decir que el genero de esta novela es comprendido entre el thriller y el drama. Es una combinación un tanto extraña, pero que hace seguir leyendo hasta el final, sobre todo porque en las últimas paginas se condensa la acción, y atrae hasta el fondo de la situación.

Yo lo he devorado en apenas una hora y media, ya que es muy cortito (apenas pasa las 100 paginas). Además, el cambio de intensidad entre las primeras y las últimas páginas atrapa tremendamente, donde pasa de las relaciones y la soledad a hablar de misterios y enigmas.

La prosa de la autora, como siempre, es delicada pero fluida. Esto es lo que nos atrajo a todos los lectores con su primer éxito en España, La formula preferida del profesor. Sin embargo, esta novela (y El perfume de hielo) me han dejado el mismo sabor extraño al terminarlas.

Muchos sabréis que para mi los finales son una cuestión muy importante, y buena parte de la calificación que le doy a mis lecturas tiene que ver con la forma en que se cierra la historia. Así que perdonadme si le doy demasiada importancia en este caso, que no por ello ha dejado de gustarme la novela.

Creo que no he entendido el final. Es demasiado abierto y demasiado oriental para mi mente. Además, deja muchas más dudas de las que ya teníamos. Así que me he encontrado preguntándome muchas cosas a las que no voy a tener respuesta.

Hay ocasiones en las que cuando llego al final, vuelvo atrás porque no me puedo creer lo que estoy leyendo. En este caso volví sobre las paginas porque pensé que me había perdido algo… pero no (o eso creo).

Es posible que en la literatura japonesa (la de ellos propia, no la que exportan a occidente) haya mas antecedentes de este tipo, o incluso que este final tenga alguna referencia a otra obra o algo que tenga significado para ellos. Pero yo, personalmente, me he perdido.

lunes, 9 de abril de 2012

"La lluvia del mundo" en Melibro.com

 
LA LLUVIA DEL MUNDO
 XOSÉ MANUEL PACHO
La editorial Funambulista nos ofrece esta obra del escritor gallego Xosé Manuel Pacho (Ourense, 1974) en la que un editor, en su retiro de Galicia, nos cuenta que quería plasmar en un libro sus experiencias profesionales a lo largo de veinticinco años, en el que ha ido recogiendo relatos, bocetos e historias que tenían en común una especial visión del mundo. Una visión que por su condición atlántica, por su cultura, le llamó la atención.

Xosé Manuel Pacho es autor de una obra heterogénea que se construye sobre el ámbito de la literatura, el derecho, la crítica y las ciencias sociales. Escritor, abogado, profesor e investigador, su incursión en el mundo literario llegó de la mano de su primera novela, A choiva do mundo (Premio Torrente Ballester de Narrativa), escrita en lengua gallega y toda una declaración de intenciones. Escritor de teatro, siendo galardonado por su obra Paraísos (Premio Diario Cultural de Teatro Radiofónico). Ha publicado artículos y algunos relatos en distintas revistas culturales. Actualmente vive en Galicia, donde trabaja como abogado y profesor de Universidad inmerso en diferentes proyectos literarios.
En esta novela nos encontramos la historia de una novela inacabada sobre Lisa Dobrenski y una llamada perdida que recibe y se pone a pensar sobre quién podría haber llamado y le vienen a la memoria sus recuerdos en Brighton. Reflexiones sobre la complejidad del ser humano. Prosa poética. Anotaciones de un payaso, Hans Schnier, que hace un viaje desde Bonn a Menorca, y que defrauda a su padre al casarse con una católica pero al cual quiere recompensar hablando de filosofía y eso es la prueba de que el algo en el mundo está cambiando. Un monólogo sobre Beckett y la felicidad. Un cuaderno sobre anotaciones de Frank Kafka que llega a manos del editor a través de Vicente Risco.
Como bien nos recuerda el hilo conductor de esta obra, el editor, los relatos que nos va presentando a lo largo del texto son un crisol de la tristeza del mundo, en el que nos vamos encontrando temas que a lo largo del tiempo se han tratado en la literatura, como son la muerte, el amor, la añoranza de la tierra. Hablan, en definitiva, de la condición humana.

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lunes, 2 de abril de 2012

Referencia a "Diario secreto", de Pushkin en un artículo de Joaquín Albacín en El Imparcial


Todo hijo de vecino sabe que, en cualquier dictadurucha comunista de ayer u hoy, la luz eléctrica, el agua y el gas son gratuitos. No se entiende, pues, por qué razón no lo son en las sociedades del bienestar. Mas no es sólo esto…
Es, también, que nada indica que Mariano Rajoy vaya a seguir mi propuesta para la solución de la crisis, lanzada hace poco desde esta misma columna. A saber: proclamar el Jubileo, es decir, el perdón de todas las deudas públicas y privadas por encima de los veinte mil duros. Bien podría haberlo hecho, pues tampoco pido tanto como la remisión de los pecados, sino únicamente la de los débitos, casi en su totalidad ocasionados por el juego de espejismos levantado durante años por los avariciosos bancos ante los ojos del ciudadano humilde o de clase media. Pero, pese a saber que un país de deudores no puede salir adelante salvo a base de trapicheos, no lo ha creído oportuno. Mariano Rajoy, lo mismo que Zapatero, parece creer que las neveras de la gente van a llenarse mediante la escenificación institucional de chundaratas democráticas de cara a la galería. Y, al no hacerme caso, está cayendo -con la más bienintencionada de las insensateces- en el error de apelar a soluciones académicas, de libro, de manual, de economista… Y procediendo, por tanto, a consumar el suicidio asistido del país.
El suicidio fue recurso al que, cuando sintieron el mundo venírseles encima, recurrieron varios toreros geniales: Belmonte, La Serna, Silveti… Y, asimismo con notable estilo e innegable eficacia, artistas de otros géneros: Charles Boyer, Kurt Cobain… Y bastantes escritores: Mayakovsky, Larra, Koestler, Esenin, Drieu La Rochelle, Potocki (éste, con bala de plata)… Y Pushkin. Pushkin —lo aclaro, por si se diese el caso de que algún político leyera este artículo- no es el actual Primer Ministro de la Federación Rusa. Ese no es Pushkin, sino Putin. Hablamos de Pushkin, laureado escritor del siglo XIX, descendiente de un liberto africano de Pedro El Grande. Y bueno, la verdad es que Pushkin no se suicidó, sino que murió en un duelo. Pero sí se suicidó literariamente, y hasta socialmente si se quiere, si damos por buenas estas supuestas memorias suyas del último año de su vida que acaba de publicar la Editorial Funambulista: “Diario secreto 1836-1837”.
Yo creía que el libro de Pushkin era una cosa muy romántica y desgarrada, y es en realidad un dietario pornográfico. Hoy, Pushkin se hubiese hecho de oro contando esas guarradas. Pero los que le tocaron vivir eran otros tiempos, días en que la gente se descerrajaba un tiro en la sien por razones muy distintas a las que empujan a nuestros contemporáneos a quitarse la vida. Cuando Pushkin era mozo, a uno le tomaban prestada la mujer, y se liaba a mandobles. Hoy, el marido burlado invita al depredador a copas y, al parecer, está muy extendida la opinión de que tal comportamiento constituye un progreso notable. ¡Un avance, por lo visto! Pero ya digo que, en la época en que, al parecer, escribió estas experiencias de alcoba, al autor de “La hija del capitán” le habría faltado estepa para salir por piernas… O tiempo para -¡qué remedio!- proceder a la autoeliminación física.

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"Diario secreto", de Pushkin, en eldigitalcastillalamancha.es

Tras leer con gusto, nunca se puede emplear con más propiedad la expresión en un libro de esta naturaleza,B este "Diario secreto" de Alexander Pushkin (Moscú 1799- 1836) publicado por la editorial Funambulista en octubre del año pasado, uno no es capaz de decir, si ha leído un verdadero diario íntimo del padre de la Literatura contemporánea rusa, o a un falsificación realizada por alguien que al menos tuvo la "decencia" de documentarse exhaustivamente sobre la vida del escritor.

Cuando después de su lectura he enredado un rato en Internet la cosa, ni mucho menos ha acabado de aclararse, aunque si uno tuviera que decantarse por una de las dos hipótesis, la de la falsificación o la autenticidad del diario, intuitivamente escogería la de la mixtificación. La inexistencia de un manuscrito fiable y la novela de aventuras sobre la obra y su primera publicación en los Estados Unidos, que nos cuenta en su prefacio Mijail Armalinsky, no dice nada a favor de su autenticidad.

Tampoco, que en la presente edición los editores hayan optado por eliminar el prólogo de la traductora Olga Volkonskaya, que sí se incluye en la edición mexicana de 1997 en Edimex, en el que expone una serie de opiniones en ambos sentidos que el lector agradecería. De todas maneras, el lector interesado puede ver esa edición en Internet con una simple búsqueda.

Allí, Olga Volskonskaya recoge opiniones como las siguientes: "Falsificación insultante." Ilya Ilberstein; "Así no se pensaba sobre el sexo en el siglo pasado. Es un invento comercial de los tiempos modernos." Alexandr Rosliakov; "…obra de un escritor judío, Mijail Armalinsky, que emigró de Rusia en los años setenta…" Sin embargo, y a favor de la autenticidad del diario juega a favor ante todo la propia naturaleza de Alexander Pushkin en la que todos los conocedores de su biografía coinciden en su carácter que califican de: "mujeriego, de conducta licenciosa, erotómano, salvaje, africano, inmoral…" y de las acreditadas y documentadas relaciones que llegó a tener, o por lo menos siempre existió la sospecha, de incluso sus propias cuñadas… La editorial no hubiera perdido nada por incluir este prólogo de la misma traductora ya que con ese escamoteo al lector no hace otra cosa que alimentar la sospecha de la mixtificación novelesca.

De todas maneras es una obra que se lee, como ya he dicho, con placer, porque tiene las dosis justas de erotismo, aunque muchas veces, para el gusto de uno se traspase la frontera hacia la pornografía y mantiene siempre la tensión de un diario que no se conforma con el recuento de sus aventuras y hazañas sexuales, para enlazar con los temas eternos del hombre ante la vida, el amor y la muerte.


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