miércoles, 29 de agosto de 2012

"La niña que iba en hipopótamo a la escuela", de Yoko Ogawa, en Pandora Magazine


Después de La bailarina, la siguiente lectura nipona que os propongo es una novela preciosa de una de las escritoras más leídas en Japón y que precisamente gracias a esta novela su autora ganó en 2006 el prestigioso Premio Tanizaki: La niña que iba en hipopótamo a la escuela, de Yoko Ogawa.
La protagonista de esta historia es Tomoko, una niña huérfana de padre y que su madre, con pocos recursos económicos, decide ir a estudiar a Tokio dejando a su hija al cuidado de sus tíos.
Tomoko nos cuenta, con una voz lejana y perdida en la infancia, ese año que estuvo viviendo en Ashiya en casa de sus tíos, una familia acomodada y rica de ascendencia alemana.
A lo largo del libro va desfilando una galería de personajes de lo más curiosos –ya sean principales o secundarios-, pero sobre todo los integrantes de la familia tienen su encanto particular.
En primer lugar está la abuela Rosa, que vino desde Alemania para casarse y que se expresa en un japonés bastante pobre. Después tenemos al tío -medio alemán medio japonés-, hijo de la tía abuela Rosa y director de una fábrica de bebidas muy famosa, que se ausenta continuamente de la casa por algún motivo. Su mujer, la tía de Tomoko (hermana de su madre) se pasa horas en la sala fumando y bebiendo whisky mientras devora libros en busca de erratas. Mina es la prima de Tomoko, que sufre asma y constantes crisis respiratorias, colecciona cajitas de cerillas por sus curiosos dibujos y luego escribe historias sobre ellos. Y después está el servicio: la señora Yoneda, una fan de la leche condensada y los concursos, es amiga íntima de la abuela Rosa y canta con ella a dúo en el piano; y el señor Kobayashi, el encargado de cuidar de Pochiko y del jardín.  Y por último está quizás unos de los personajes más curiosos e increíbles de la novela: Pochiko, la hipopótamo que llegó desde Liberia y que se encarga de llevar a Mina todos los días al colegio.
Yoko Ogawa nos brinda una historia maravillosa, tierna y bien escrita, llena de imágenes delicadas y preciosas que dejan un buen sabor de boca y que, a pesar de las más de cuatrocientas páginas, llegamos al final de la historia de Tomoko casi sin darnos cuenta. Cada suceso de cada capítulo tiene algo que emociona, porque si hay algo que hace extraordinaria a esta novela son los pequeños sucesos del día a día que acontecen en el libro. Una historia que atrapa desde la primera palabra hasta el último punto.
LEER MÁS

lunes, 27 de agosto de 2012

'Atención al cliente' en Aceprensa


Alehop en el blog de Carmen y amig@s


La primera novela que he leído de José Antonio Fortuny, Alehop, ha resultado todo un descubrimiento. El libro comienza así,
"El anciano miró el árbol con el semblante lívido, desencajado."
pero bien podía haber empezado,  
"Erase una vez un anciano y una anciana que vivían en un pequeño pueblo..."
Y es que la historia se desarrolla en un principio como una especie de fábula en la que tenemos un anciano, una anciana, un pueblecito, el alcalde, el jefe de la oposición y un circo, cuya llegada supondrá toda una revolución y dará una vuelta de tuerca a la historia de los ancianos. Pero la fábula va adquiriendo, a medida que vamos leyendo, tintes cada vez más oscuros.
Los personajes no tienen nombres y representan tipos: el alcalde lleno de inseguridades que solo está interesado en mantenerse en el poder, el jefe de la oposición, que únicamente pretende ocupar el puesto del alcalde, el manager del circo, un hombre que ha perdido la confianza en el ser humano,... y los medios de comunicación, que todo lo manipulan, tergiversan y distorsionan en aras de una mayor audiencia.

José Antonio Fortuny (Menorca, 1972)
Y en el medio de todo se encuentran el anciano y la anciana y su aparentemente pequeño problema doméstico, que parece subsanable tan solo con cierta sensibilidad, concienciación y sentido común.  Pero la sociedad, los individuos se nos muestran como un masa voluble, caprichosa, hedonista, mentes no-pensantes llenas de egoísmo y fácilmente manipulables. La pareja de ancianos intenta permanecer ajena, sin entender nada y sin lograr hacerse comprender por nadie. La soledad les envuelve y todo a su alrededor, el equilibrio que habían creado parece irse resquebrajando sin remedio...
 

jueves, 23 de agosto de 2012

Estudios sobre el bien y el mal (Crítica de “La piscina”, de Yoko Ogawa, Diario de Toledo))

"La piscina"
Autora: Yoko Ogawa.
Editorial Funambulista
Madrid, 2012. 9'50 euros
Según la contraportada de La piscina, Yoko Ogawa es la autora más leída en Japón. Después de publicar éxitos como "La fórmula preferida del profesor" —también editada en España por Funambulista—, recientemente llegó a nuestro país esta novela corta —o relato largo, pues sería difícil de encuadrar en alguno de los dos géneros—, en que se narra la historia de Aya, hija única adolescente de un matrimonio entregado en cuerpo y alma a la gestión de un orfanato —el Hogar Hikari, en español, La Casa de la Luz—, y su peculiar relación con Jun, interno del orfanato que compite en salto de trampolín, y al que Aya acude a espiar a diario desde las gradas de la piscina.
La vida de Aya transcurre como la de cualquier interno del orfanato: duerme en la misma habitación que su compañera Reiko, come junto al resto de internos y comparte las tareas comunales del Hogar Hikari. Sin embargo, Aya no es feliz. Tiene dos padres que la atienden, pero se considera abandonada, huérfana. Al mismo tiempo, envidia a los internos y desea tener unos padres que no puedan encargarse de ella. Vive la paradoja de ser hija única, de cohabitar con una gran familia y, a la vez, de sentirse sola. Su único aliciente es espiar a Jun y ver como su cuerpo "frío y elegante como una estatua de bronce" entra y sale del agua después de un impecable salto de trampolín. Aya, sobra decirlo, está enamorada de Jun.
Más allá de su sencillo argumento, el interés de La piscina reside principalmente en tres aspectos. El primero es la sutil descripción de sentimientos que realiza la protagonista —a la sazón narradora de la historia—, lo que, por otra parte, puede resultar a ratos inverosímil, dado que el relato está contado en primera persona por una adolescente temprana. También es reseñable su estilo, dotado de tenue pero firme tensión, y en el que a menudo se hilvanan acertadas imágenes, como en las escenas de la piscina, donde se metaforiza el ansia de afecto y bondad de la protagonista con las descripciones de los saltos de Jun.

LEER MÁS

martes, 21 de agosto de 2012

'Bajas esferas, altos fondos', de Jesús Pardo, en El Imparcial

Debo, sin duda, haber leído muchísimos artículos de Jesús Pardo, pues fue fundador y director de “Historia 16”, pero nunca, hasta ahora, había hincado el diente a su repertorio narrativo. Resulta, sí, un punto pasmoso que, pese a sus varias novelas publicadas, haya descubierto la obra literaria de este contemporáneo cuando camina ya hacia los noventa años y se limita, en propias palabras, a esperar la llegada de la muerte mientras estudia swahili y egipcio jeroglífico.
No soy nada parecido a un crítico literario, pero hacía mucho tiempo que no leía una novela de un autor español cuyo ritmo, mirada y personajes me engancharan. Esta suya, ambientada en Londres y Madrid, titulada “Bajas esferas, altos fondos” y publicada por la Editorial Funambulista, se dice inspirada por la idea de trasladar los clichés y pautas narrativas de “La colmena”, cuya acción se desarrolla en las pensiones y cafés frecuentados por lampantes, a los estratos privilegiados de la época franquista. A uno, sin embargo, el tratamiento de las situaciones y el “tono muscular” de los personajes se le antoja que discurren más bajo el horóscopo del gran Jardiel que bajo el del Nobel.
Como lector, me he sentido tentado de “reconocer”, en tales o cuales rasgos de los protagonistas de la novela, a ciertos periodistas que existieron realmente. Mas. aparte de la advertencia en contrario del propio novelista, eso es siempre un error, aunque sólo sea porque la personalidad individual, como producto que es de la psique, conforma un ente permanentemente mudable, un potaje, un revoltijo, una amalgama que mengua, se estira y divide al tiempo que lo hace la telomerasa.

LEER MÁS

lunes, 20 de agosto de 2012

'Amarga luz', el libro que revive a la artista Marga Gil


Conocí a la fotógrafa y escritora Marga Clark en la pasada Feria del Libro de Madrid, una calurosa tarde de junio, mientras yo curioseaba en la caseta de El Funambulista y ella saludaba a unos conocidos. Tras una breve charla sobre blogs y mujeres, decidí llevarme a casa su novela Amarga luz, en la que Clark recrea la figura de su tía paterna, la escultora Marga Gil Roësset, (1908-1932), muerta (literalmente) de amor por Juan Ramón Jiménez.

Marga Gil Roësset y su hermano
Julián (padre de Marga Clark).
En este verano de calor y libros, algo de viajes y bastante trabajo, al fin he acabado de leer Amarga luz, el testimonio novelado con el que la Marga del siglo XXI pasea las huellas de la Marga de principios del siglo XX. Narrado en primera persona e ilustrado con fotos del álbum familiar, Marga Clark involucra al lector en el diálogo interior con su enigmática tía.“Yo sólo sabía que era hermana de mi padre, que me llamaban como a ella, y que había muerto muy joven. Sus esculturas se erguían, poderosas y magníficas, arrinconadas en los cuartos de mi casa (…). Desde el primer momento adiviné que el pasado de la tía Marga se hallaba nublado herméticamente por la densa bruma de un destino trágico”, escribe Clark.

'Adán y Eva' (Marga Gil Roësset, 1930).
¿Y quién fue Marga Gil Roësset, más allá de la joven que se suicidó a los 24 años por amor a un poeta, amigo de la familia, a quien quiso platónica pero desesperadamente? Ante todo, Marga Gil Roësset fue una precoz y genial artista que a los 15 años ya dominaba el dibujo y la escultura, a quien sus profesores y los críticos de la época auguraban un gran futuro. Sus esculturas eran dramáticas y desgarradoras, y sus dibujos e ilustraciones parecían salidos de un mundo mágico, pedregoso, siempre desconcertante. Desde muy niña, y junto a su hermana Consuelo, Marga fue autora de varios libros de cuentos, que ambas inventaban y luego Consuelo escribía y ella ilustraba: El niño de oro, Rose des Bois y Canciones de niños y de mamás. Marga hablaba cuatro idiomas, era asidua a los museos y asistía a conciertos de música clásica. 
 
.

Bajas esferas, altos fondos, de Jesús Pardo, en Melibro.com


Bajas esferas, altos fondos escrito por Jesús Pardo es una obra de ficción ambientada en la posguerra española, en pleno apogeo franquista y en  dos ciudades como escenario, Londres y Madrid.
Pardo trata de reconstruir un universo que según palabras textuales, a muchos parece prehistórico, la vida altofranquista en Madrid y la Embajada española en Londres del momento.  Un mundo construido con falsas intenciones y mentiras para conseguir objetivos dotados con superioridad. La perfecta combinación de ambos elementos evoca un ambiente picaresco….

Como protagonista principal, Lady Idonea Hockover,  heredera de una de las familias más opulentas y suntuosas de toda Escocia, y casada con James Hockover a raíz de una boda pactada sobre el cuerpo ya sin vida pero todavía caliente de Lord Hockover, padre de Idonea. Un amor de pura carnalidad.

Idonea, también conocida como Jane Smith a lo largo del relato, pasa muchas horas en el cabaret Don Juan, haciéndose pasar por una prostituta más, una prostituta de la alta alcurnia para conseguir un dinero que no necesita. Aunque si bien es cierto que el dinero no lo necesita, las intenciones son otras: el marqués de Sietevillas, fiel cliente del lujoso cabaret, Embajador y grande de España.

Genaro Mejorana, un periodista de poca monta que poco a poco va ascendiendo hasta convertirse en Director general de La Voz Social, por obra y gracia del Caudillo de España. Un diario de tirada nacional que intenta dar un aspecto intencionado de preocupación por las necesidades sociales del momento, pero siempre con limitaciones, bajo una censura previa. Genaro Mejorana, como bien indica el título salta desde las bajas esferas hasta los altos fondos, aprovechándose de su condición de superioridad como director general del periódico para calmar sus instintos lascivos.
Una obra curiosa, que no encaja con los aires literarios del momento, describiendo las costumbres casi al milímetro pero haciendo al mismo tiempo con mucha habilidad no un retrato, si no una caricatura que desprende exageración y la ironía en un ambiente empalagoso que se regodea de su aire no convencional y aprovechándose de una situación inusual sin el menor remordimiento ni el sentimiento de culpa propio de aquello que produce escalofríos.

La complicidad que intenta expresar el autor para con el lector supone una inteligible forma de usar los recursos literarios pero al mismo tiempo usando términos vagos y ambiguos que dan lugar a la sagacidad creativa, por que Bajas esferas, Altos fondos está estructurada en una trama confusa, ya que a Pardo parece que le interesa más el retrato de los diferentes perfiles de la sociedad, acentuándolo con sarcasmo.

LEER MÁS

Entrevista en La Vanguardia a José Antonio Fortuny

Se dio a conocer con el autobiográfico Diálogos con Áxel, un emocionante libro en el que narraba en primera persona el día a día de un joven cuyas extremidades se van paralizando a causa de una enfermedad degenerativa (atrofia muscular espinal). Pero a pesar de que cada vez se complica más la tarea de escribir –actualmente necesita un ordenador que redacta lo que él le dicta- José Antonio Fortuny (Mahón, 1972) ha dado el salto a la ficción con Alehop (Editorial Funambulista), una sátira social en la que el menorquín pone en evidencia algunas de las grandes desigualdades que sufren los más "frágiles". La llegada del circo a un pequeño pueblo le sirve al escritor de excusa para analizar los comportamientos de una sociedad en la que “impera la ley del más fuerte”. Desde su habitación, lugar en el que pasa largas horas, Fortuny hace volar su imaginación hasta tejer una divertida novela que ha recibido los elogios de compañeros de profesión. Y es que a pesar de la dureza de las historias de algunos personajes, Alehop destila ironía y buen humor. Algo que también sucede en la entrevista.
- Ha dedicado cinco años a Alehop ¿Creyó en algún momento que no lo acabaría?
Sí. Voy lento escribiendo, principalmente debido a mi debilidad física. Y también porque repaso mucho. Además, escribir una comedia en mi situación es arriesgado, porque requiere mantener un ánimo elevado para que no afecte al libro. De todas maneras, esto son sólo circunstancias anecdóticas, la gente no debe leer mi libro por eso, sino porque lo que cuento sea interesante.
- ¿Qué fue lo que más le costó en este libro?
Que toda la trama estuviera bien encadenada. También pulirlo hasta dejarlo como quería que fuera: fácil de leer pero sin perder el sentido profundo.
- ¿Cómo surgió la idea general de la novela?
El detonante fue uno de estos sucesos de despilfarro público que todos podemos ver en los medios de comunicación. A eso le uní una serie de experiencias personales y varias cosas que quería contar.
- Usted empezó siendo un gran lector ¿En parte se ha hecho escritor por su enfermedad?
Empecé a leer mucho debido mi enfermedad: mis amigos se iban por ahí y yo tenía que quedarme en casa y ocupar el tiempo. Recuerdo que al principio no me gustaba mucho leer. Tampoco me planteé llegar a ser escritor, es una palabra que me supera un poco y suena muy solemne. Yo quise en un principio dejar algo en esta vida, por eso escribí el primer libro. Y poco a poco he conseguido terminar el segundo. Pero reconozco que no me he hecho escritor por mi enfermedad, sino para tratar de ligar con una vecina (risas).
- ¿Cuántas horas al día dedica a la escritura?
Suelo escribir unas cinco-seis horas diarias. Para mí escribir es básicamente un ejercicio para mantenerme mentalmente en forma. Es mi manera de agarrarme a la vida y además me permite comunicar mis inquietudes. Procuro seguir un horario diario, no sólo con la escritura, sino con otras cosas que hago. Es muy importante la disciplina para no caer en la depresión. Además, saber que alguien me lee me motiva a seguir escribiendo. A cambio yo procuro entretener al lector, y, si es posible, que esboce una sonrisa. Me parece un trato justo.
- ¿Cómo es su día a día?
Cuando estás completamente paralizado, quieras o no, los días son muy iguales. Pero siempre procuro hacer de cada día algo especial. Aparte de escribir, dedico mi tiempo a leer, escuchar música, ver alguna que otra película. Y contemplar el mar me da mucha energía.
- Este segundo libro es una novela, pero también hay mucho de realidad…
Efectivamente. Alehop es una comedia pero con una base muy real que describe situaciones con las que todos nos podemos sentir identificados.

martes, 7 de agosto de 2012

Caminando entre libros: Alehop, de Jose Antonio Fortuny


  

Argumento
Un misterioso circo llega a un pueblo remoto. Mientras la población se queda hipnotizada por el espectáculo tan vanguardista que se despliega ante ella, una pareja de ancianos trata de solucionar lo que es, a todas luces, un insignificante problema doméstico. Sin pretenderlo, se verán involucrados en una aventura trepidante, en una compleja trama —en la que el circo y su sibilino mánager tendrán su papel— que les llevará hasta límites insospechados.
Estructura, ambientación y estilo narrativo
La novela está estructurada en múltiples capítulos de escasa duración, algunos llegando a ser únicamente dos páginas, sin separación de partes ni numeración.
La ambientación sitúa la historia en un pueblecito sin nombre, que bien podría ser cerca de Madrid, o en los mismísimos Pirineos. La descripción de los escenarios es escasa, al centrarse la novela en los comportamientos.
Está escrito en tercera persona, con un narrador omnisciente, que nos permite ver los pensamientos y acciones de todos los personajes en cualquier momento. El estilo es sencillo pero cuidado, con fluidez de lectura que nos hace interesarnos por todo lo que pasa en la historia, por muy cotidiano que sea.
Personajes
A pesar de que esta es una novela que lo requeriría, mantengo la sección de personajes. El motivo por el que no se puede hablar de personajes es porque en realidad no lo son del todo: son reflejos de actitudes y situaciones de la vida real, llevadas al papel con un toque de humor y surrealismo para hacerlos pensar. Todos ellos carecen de nombre.
Están los ancianos, los olvidados por la sociedad y siempre son malinterpretados. Se les da una migaja y se cree que deben estar agradecidos. Luego está el alcalde, la inseguridad personificada combinada con una profesión que le hace sentir superior, ms dedicado a su egocentrismo y su imagen que a los verdaderos asuntos que debe resolver.
Por otra parte esta la oposición, que unido al alcalde, hace la combinación política perfecta: el que actúa por imagen y él se queja por tocar las narices. Y por detrás de todo ello, esta el manager, el avispado que ve todas estas cosas, y saca provecho de ello.
Eso sí, no podemos olvidarnos de lo más importante: el pueblo, la masa boba a la que manipulan, marean y se aprovechan de ella… pero que ni se inmuta porque no es consciente de nada.
Mi opinión

He decidido mantener la sinopsis que le pusieron, ya que tras leerlo y plantearme alguna descripción alternativa, me he dado cuenta que la manera más sugerente de plantearlo, además de no introducir ningún tipo de spoiler, es la que ya han hecho ellos.

Cuando la pedí a la editorial, no sabía demasiado bien que iba a encontrarme. Lo que realmente me atrajo fue el circo misterioso, que me hizo pensar inmediatamente en Carnivale (aquella maravillosa serie de la HBO que cancelaron en su segunda temporada y que me gustaba tanto).

miércoles, 1 de agosto de 2012

"Alehop", de José Antonio Fortuny, en ABC

Alehop, o la ley del más fuerte

Fortuny critica a una sociedad donde las reglas desfavorecen al más débil utilizando un tono de fábula amarga, tintes de comedia y retratos propios del callejón del gato

Día 01/08/2012 - 13.57h
Alehop, o la ley del más fuerte
José Antonio Fortuny, autor de 'Alehop' / Foto: RC


Comenta José Antonio Fortuny que “Alehop es una novela ácida y surrealista”. Es difícil encontrar hoy en día, entre las novedades editoriales, un texto que acoja un estilo narrativo tradicional con voz omnisciente y tiempo pretérito. Alehop (Editorial Funambulista) está escrita así a propósito según comenta su autor: “Quería darle el tono de fábula o parábola porque me temo que, al igual que los cuentos, lo que explico es una historia que ha ocurrido y se repite entre los seres humanos desde la antigüedad, donde el poderoso siempre se come al más débil”.
La novela cuenta, además, con una madrina de excepción: Rosa Montero. “La conozco desde mi anterior libro ‘(Diálogos con Áxel’) y es una persona a la que admiro como escritora y como ser humano” aclara el autor “Ella siempre se ha mostrado muy entusiasta con todo lo que he escrito. Conocer a personas como ella y a gente que también me ha leído es una de las cosas buenas que me ha dado la vida y la literatura”.
Las situaciones que padecen los protagonistas en la novela, aunque puedan parecer exageradas, nos resultan demasiado familiares: los fenómenos asociados al reality show y el eterno Gran Hermano que tanto sigue atrayendo al amplio público, los inconvenientes padecidos por culpa de una ley de dependencia mal planteada y la rescisión de las ayudas institucionales sin criterio objetivo, la tendencia a pasar la patata caliente de unos organismos a otros y la necesidad asociada de pan y circo de los representantes políticos para apaciguar a una mayoría egoísta.
Fortuny, que conoce el problema de primera mano, confiesa: “necesitaba explicar esta historia porque creo que mucha gente ignora o se niega a conocer este tipo de situaciones”. Desde luego es mas cómodo obviarlas. No para su autor que las sufre en primera persona porque padece una grave enfermedad neuromuscular que progresivamente ha ido paralizando todo su cuerpo. Por tanto, muchas de las referencias de la novela tienen tintes autobiográficos. Aunque aclara: “También me he nutrido de experiencias que me han comentado compañeros y de lo que veo a diario. Voy lento para escribir, debido principalmente a mi debilidad física, y además retoco muchísimo” Jose Antonio ha tardado cinco años en terminar esta historia “Pero poco a poco he conseguido llegar a la meta. De todas maneras, esto es sólo una anécdota; nadie debe de leer el libro por eso, sino que quiero que se me valore por la calidad de la obra y porque lo que he escrito sea interesante o no”.
También hay espacio para temas tan escabrosos como el chantaje profesional con contenido erótico en las empresas de comunicación e incluso las sectas y la estafa que a menudo conlleva su filiación: “En el libro parece que todos los males posibles se conjuran para ir en contra de los protagonistas. Con las sectas lo que quise es introducir el ingrediente de algo que a mí me choca mucho, como son las estafas a la gente más vulnerable. Que existan personas que se dediquen a estafar a ancianos haciéndose pasar por ejemplo por revisores del gas o con otro tipo de argucias a mí me parece brutal” comenta Fortuny.