martes, 25 de septiembre de 2012

La piscina, de Yoko Ogawa, en el blog Carmen y amig@s


Después de haber leído, y en este orden, El embarazo de mi hermana, La fórmula preferida del profesor, La residencia de estudiantes, y ahora La piscina, ya puedo declararme, sin lugar a duda, seguidora entusiasta de la forma de narrar de Yoko Ogawa
De los cuatro libros que hasta ahora he leído la que se distancia un tanto del resto es La fórmula preferida del profesor, la más amable y tierna y también la de mayor extensión. Las otras tres novelas cortas desarrollan- manteniendo los lugares comunes de las obras de Ogawa: la narración en primera persona, el protagonismo femenino, la soledad que le rodea, el final abierto y perturbador,...- el lado más oscuro del alma  humana.
"Cuando escucho palabras como familia y hogar no puedo dejar de prestarles atención. Pero su interior está hueco y las palabras ruedan hasta mis pies como si fueran una lata vacía."
Yoko Ogawa
Y de esta tres la más desasosegante ha sido La piscina. El ambiente claustrofóbico y asfixiante se ve aquí enfatizado por una protagonista adolescente, Aya, llena de inseguridades e incertidumbres, con sentimientos contradictorios y un punto de crueldad. Es hija del matrimonio que regenta el Hogar Hiraki, un orfanato en el que se siente terriblemente sola y la más huérfana de todos.
"El paisaje del Hogar Hiraki cubierto de verde es sólido y bien real y, sin embargo, yo me siento a veces como algo difuminado. O, por el contrario, siento que estoy tan sensible que casa todo me duele, y el paisaje queda desdibujado hasta el infinito."
La desconcertante adolescente nos lleva con su mente por corredores húmedos y tortuosos hacia el recuerdo de momentos del pasado y la desolada soledad del presente- obsesionada por Jun, uno de los huérfanos a quien observa secretamente, y buscando consuelo en el llanto y el dolor de otros más inocentes e indefensos-.

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Entrevista a José Antonio Fortuny en Punto de Libro

Entrevista a José Antonio Fortuny,

autor de Alehop

James NavaEn José Antonio Fortuny, junto con sus paisanos, puede ver salir el sol antes que cualquier otro español. Nuestro entrevistado nació hace cuarenta años en Maó, el municipio de Menorca que cuenta con el punto más oriental del estado. Una grave enfermedad -atrofia muscular espinal- se convirtió en su compañera no deseada desde muy joven. Él eligió otra mucho más agradable, la lectura, para combatir en lo posible los efectos de aquella. Hasta que de lector compulsivo dio el paso a autor con su primer libro Diálogos con Áxel, en el que narró de manera directa y exenta de todo sentimentalismo superfluo los pormenores de su enfermedad y su propias experiencias. Ahora ha dado el salto a la ficción con Alehop, una comedia negra que noquea las conciencias de todo aquel que la lee.
Os invitamos a conocer con nosotros a este autor que con tan breve carrera a sus espaldas ha cosechado ya elogiosas críticas por parte de los medios y, lo que es más importante, de los lectores.

José Antonio, ¿es cierto que, como dice José María Mendiluce en el prólogo a tu primera obra, besas las tapas de los libros que te han gustado al terminar de leerlos, a modo de agradecimiento?
Si, es cierto que lo hacía. Ahora ya no puedo hacerlo porque no puedo mover las manos, pero si un libro me ha gustado continúo cerrando los ojos y musitando las gracias por haber tenido la suerte de que ese libro se haya cruzado en mi camino.
La obra a que hacíamos referencia y que prologó Mendiluce, Diálogos con Áxel, está basada en tu propia experiencia. Y es muy difícil de enmarcar en un género concreto. Ayúdanos tú: divulgación, autoayuda, testimonio...
Es difícil de clasificar, una mezcla de libro testimonio y algo de novela. Traté de explicar la evolución psicológica de una persona aquejada por una enfermedad que le va paralizando, su manera de percibir el mundo, el combate entre la mente y el cuerpo. El libro ahora mismo está totalmente agotado en papel, pero disponible en formato digital en Amazon.
La mayoría de nosotros se sentiría abrumado ante la tarea de escribir un libro. En tu caso, y con los problemas añadidos por la enfermedad, ¿cómo se llega un día a tomar esa determinación?
A mí escribir me da vida. Escribo fundamentalmente como un extraordinario ejercicio para mantenerme mentalmente en forma: escribir me hace pensar, buscar, reflexionar, y además me permite comunicarme con los demás. Mi primer libro lo escribí motivado por una imperiosa necesidad de dejar algo; de la misma manera que mis amigos tienen hijos, yo quería dejar mi huella de mi paso por la Tierra.
Tras el éxito de tu primer libro, te lanzas a la aventura de la ficción, y estás cinco años preparando Alehop, que finalmente se publicó este año. ¿Por qué ese salto a la ficción?
Cada historia que quieres contar te pide un enfoque diferente. También tuve claro que no quería repetirme, sino probar, indagar, jugar con otros géneros.
Para Alehop has elegido una peligrosa combinación: una temática dramática por su realismo, y un tratamiento lleno de humor, ironía y sarcasmo. El resultado es tremendo: reímos sin parar mientras asistimos horrorizados a las injusticias y tropelías que se narran. ¿Era ese tu objetivo, hacer reflexionar profundamente a través del humor?
Exactamente, has hecho una descripción muy buena. Ése fue mi objetivo. Tengo claro que el humor a veces es la manera más acertada para explicar según qué cosas sin que la gente salga huyendo.
En la novela cuidas mucho que no se infiltre el victimismo, el sentimentalismo barato ni la lágrima fácil. Sin embargo, la pareja de ancianos protagonistas se gana el afecto y la ternura del lector durante buena parte de la novela. ¿Cómo se logra esto? ¿Acaso nos vemos proyectados en ellos?
Probablemente esto se deba a que he conseguido mostrar a los ancianos como seres humanos, con una serie de necesidades que todos sabemos, en nuestro interior, que tarde o temprano pueden ser las nuestras. Creo que por aquí es donde se establece ese sentimiento de empatía hacia los protagonistas.
Los ancianos simbolizan nuestra fragilidad. Todos, en mayor o menor medida, iremos perdiendo facultades. Esto no es malo, sino que forma parte de nuestra condición humana. Lo denunciable es que la sociedad margine y te dé la espalda.

La revista Punto de Libro dedica esta reseña a "Alehop", de José Antonio Fortuny

Alehop

José Antonio Fortuny

Editorial Funambulista
El enredo de la bosla y la vidaPara reseñar esta magnífica novela -queremos resaltar el adjetivo cuanto antes-, se puede partir de dos enfoques bien distintos.
Alehop se puede explicar como la historia de un matrimonio de ancianos que llevan una plácida existencia en una sencilla casa en un pueblo cualquiera. Unos personajes normales, en un entorno normal, hasta que dos hechos que coinciden en el tiempo vienen a cambiar completamente su forma de vida. La mujer, que debido a la edad se mueve en silla de ruedas, depende del marido para levantarse de la cama y volver a ella. Cuando a él le sobreviene un agudo dolor de espalda que le impide hacer cualquier esfuerzo, la mujer parece condenada a no poder abandonar el lecho. Urge encontrar una solución, por lo que el marido acude al Ayuntamiento de su localidad, convencido de que recibirá la ayuda que necesita. Pero esta ayuda, aunque llega, es insuficiente, y va a ir a menos cuando se produzca un segundo hecho, desastroso para la vida del matrimonio protagonista. Un circo pasa casualmente por el pueblo y se establece allí desatando una fiebre difícil de entender. El pueblo, con su alcalde a la cabeza, hará todo lo posible para mantener aquella atracción en la aldea tanto tiempo como sea posible. Aunque no sea sostenible económicamente. Aunque signifique sacrificar otros gastos como la ayuda a una pareja de ancianos que dependen de una mínima ayuda algunas horas al día.
Hasta aquí, Alehop sería solo una buena novela que mezcla acertadamente dosis de ternura y humor con otras de drama descarnado. Una buena historia con buenos personajes, un estilo muy cuidado y muy directo a la vez, y con una trama delicadamente construida, donde cada detalle está perfectamente enlazado en la historia, lo que hace que en muchos casos nos encontraremos recordando y reinterpretando lo leído unas páginas atrás.
Pero Alehop se puede y se debe explicar también de otra manera, que seguramente la hace mucha mayor justicia. Lo que José Antonio Fortuny ha logrado con esta novela es hacer la más certera y aguda radiografía de la España actual, dejando al desnudo todas sus vergüenzas. En esta tragicomedia encontramos políticos corruptos, cegados por la ambición y la megalomanía; instituciones y asociaciones creadas solo a mayor gloria de sus fundadores y presidentes, y que hacen dejadez perpetua de sus funciones; periodistas y programas de televisión capaces de cualquier aberración por ganar un punto de audiencia; charlatanes, farsantes y timadores profesionales dispuestos a sacar hasta el último euro de los bolsillos de sus víctimas; sectas de fanáticos que bajo espirituales cubiertas esconden ladrones sin escrúpulos... Pero que el lector no se apresure a juzgar a todo este elenco. Porque la novela también guarda un rapapolvo para esa sociedad a la que pertenecemos, y nos señala certeramente con el dedo, sentándonos en el banquillo de los acusados. A los que votan y apoyan a esos políticos corruptos, a los que siguen con fruición los programas de televisión más rastreros, a los que son víctimas de los timadores por su ambición sin límites... A todos ellos esta novela dirige también un toque de atención.
Alehop es una ácida crítica a una sociedad sin valores, deslumbrada por los oropeles del dinero fácil, de la ostentación y el exhibicionismo. Una sociedad que ha olvidado a las personas y, sobre todo, a las quienes necesitan algún tipo de ayuda por su situación personal, económica o social. Esa sociedad que retrata la novela no podría ser más reconocible, ni podría ser de más actualidad. Alehop es una sátira repleta de humor negro y verdades como puños. También sería una fábula si no fuera porque, por desgracia, cada uno de los hechos que ocurren en ese pueblo ficticio al que llega el circo, han sucedido en algún pueblo o alguna ciudad de España. O en muchos. Algunas veces literalmente, y otras cambiando algunos detalles. Pero lo cierto es que a pesar de que la historia que se nos narra parece a ratos una ficción imposible, rezuma una desesperante y cruel realidad.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Artículo en el Diario de Menorca sobre "A la recerca del temps perdut"


Una reseña en el blog de Isi sobre "Rehenes", de Stefan Heym


Como nos decía Anne Frank en su diario:
Aún no he terminado con estas tristes noticias. ¿Has oído hablar alguna vez de rehenes? Es el último invento para castigar a los saboteadores. La cosa más atroz que pueda imaginarse. Ciudadanos inocentes y dignos de todo respeto son arrestados, aguardando en la cárcel su condena. Si el saboteador no aparece, sin ningún preámbulo la Gestapo fusila a cinco rehenes. En los periódicos aparecen frecuentemente los anuncios de defunción de estos hombres, ¡bajo el título de accidente fatal! ¡Hermoso pueblo, los alemanes! ¡Y decir que yo pertenecía a él!
Viernes, 9 de octubre de 1942
rehenes
Con estas palabras prestadas introduzco la reseña de hoy, para que todo el mundo se sitúe en el contexto de la II Guerra mundial, donde Stefan Heym nos relatará la situación de esos cinco rehenes, cinco de tantos, que serán fusilados.
Todo comienza en un café de Praga, en 1941. El teniente Glasenapp baja a los lavabos, muy ebrio, y se cruza con Janoschilk, el torpe encargado de la limpieza que será, sin saberlo, el último en ver al teniente con vida. Minutos más tarde los compañeros de Glasenapp se dan cuenta de que ha desaparecido y, por consiguiente, la Gestapo decide encarcelar a todos los ocupantes del café en el momento del suceso que, luego sabremos, ha pasado a ser un homicidio. Si el culpable de la muerte de Glasenapp no confiesa, los 20 rehenes serán fusilados.
En las celdas están encerrados de cinco en cinco, tal y como serán ejecutados. Janoschilk, pobre hombre, era más que un simple encargado de los servicios: colaboraba con la resistencia y, pese a no tener ninguna relación con la suerte que ha corrido la víctima, sí que está preocupado, pues de él depende (dependía, más bien) una delicada operación para evitar que un vagón lleno de armamento llegue a las tropas alemanas del frente ruso. Sus otros cuatro compañeros de celda, cada cual más dispar que el anterior, intentarán encontrar la manera de librarse de su sentencia, incluso culpando a los demás de la muerte del teniente, pero allí dentro el único que no se preocupa de su suerte, de su propia persona, es nuestro Janoschilk.
También asistiremos a los intentos del comisario de la gestapo Reinhardt por ocultar la verdad, pues él conoce todo lo relacionado con la muerte del teniente pero, por diversas circunstancias, no le interesa que salga a la luz y, además, sembrar un poco de terror entre los checos nunca está de más.
Es una novela de ritmo bastante lento, que se ambienta entre la cárcel, en la pequeña celda de los rehenes, y el exterior, donde el comisario Renhardt trata de que ningún cabo quede suelto para proceder a eliminar hombres impunemente. Cada uno de los rehenes tendrá su parte de protagonismo en la historia; conoceremos su pasado y sus intenciones futuras pues, a pesar de saber que van a morir, cada uno trata de evadirse de este pensamiento y trazar planes que le permitan seguir adelante con su vida; algunos sacrificándose ellos mismos, otros intentando de sacrificar a los demás en su propio beneficio. Además, conoceremos a personajes “del exterior” que también tienen su parte en todo el entramado de la resistencia checa frente a los nazis y que no pueden luchar abiertamente ni tienen ningún arma ante las torturas e interrogatorios nazis, aunque intentan mantenerse íntegros.

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Reseña: "Muerte en el Café Gijón", de Ruben Loza Aguerrebere, en el blog El Rincón de Leira



SINOPSIS: En esta sorprendente novela hay un crimen sin móvil, todos los personajes se consideran culpables y hay que descubrir si hay un inocente. A medida que cuentan sus culpas al lector, los personajes van dibujando el retrato de la víctima. Y así se elabora una larga cadena de equívocos, que se entrelazan en el Café Gijón de Madrid (famoso por sus tertulias literarias), en el sur de Francia, en casa del autor de Cyrano de Bergerac, así como en las calles de París y Montevideo.
Cuando la Editorial Funambulista me mandó un e-mail con la presentación de este libro, lo primero que me llamó la atención fue que estuviese ambientado en el mítico Café Gijón. Para todos los que residimos en la bella ciudad asturiana, este café es cuanto menos una especie de embajada en el centro de la capital española. En Gijón, lógicamente hay otro establecimiento con este nombre, que sinceramente tuve que encontrar por obra y gracia del Sr. Google. Prometido, que en cuanto pase por esa calle, hago foto y la subo. 

Para hablaros de esta novela, obligatoriamente tengo que meteros en ambiente, contándoos un poco de la historia de este local. Lo cierto, que el Café Gijón es de esos lugares que todos tenemos la sensación de haber estado alguna vez, ya sea por haberlo visto en TV o haber leído alguna novela ambientada ahí.
 

 

Según encuentro en su página web y en la Wikipedia se encuentra situado en el número 21 del madrileño Paseo de Recoletos, muy cerca de las calles Almirante y Prim, de la Biblioteca Nacional o del Museo Arqueológico (que visité en 6º de la antigua E.G.B y que fue, sin duda, el museo que  más me gustó de Madrid, exceptuando el Prado, que no tiene comparación con ninguno). La terraza se encuentra en el pasillo central de paseo, que cuando hace buen tiempo se convierte en un lujo para todo el que se sienta a tomar algo. No hay que olvidar que las terrazas de Madrid, se convierten en las playas que no tiene cuando llega el verano y hay una gran vida social en ellas. 
 


Y si se llama Gijón es, precisamente porque era la ciudad natal de su fundador, Guillermo Gómez (o García, ya que no está muy claro cual es su apellido). Este asturiano había emigrado a La Habana y con el dinero que ganó ahí compró un pequeño local en el Paseo de Recoletos. Fue inaugurado un día de San Isidro (es decir, un 15 de Mayo) de 1888. Un día muy apropiado, como veis, el del santo más castizo por excelencia.


En esa época había muchos cafés en la capital, todos ellos situados cerca de la Puerta del Sol y mucho más lujosos. Éste sólo tenía una gran vida social en verano, debido a que el Paseo donde se ubica era muy frecuentado durante los meses de calor. Se le consideraba un café de barrio sin más, ya que no era nada elegante. 
Siguiendo con sus comienzos, por ahí pasaban intelectuales de la talla de Ramón y Cajal, Benito Pérez Galdós o Valle-Inclán. Se hablaba de todo un poco: de toros, de política, de actualidad…  Y sin duda, fue el punto de reunión de parte de los escritores de la Generación del 27 y del Garcilasismo

Como tuvo tanto éxito, se amplió el local y según pasaban los años acudían otros intelectuales como Federico García Lorca, Jardiel Poncela o Agustín Foxá. Y, entre los tertulianos más recientes se encontraban Fernando Fernán Gómez, Manuel Alexandre, Paco Umbral o Paco Rabal. Y, por supuesto, Camilo José Cela, cuya novela La Colmena estaba inspirada en el Café Gijón.

 


Hace poco vi un reportaje en Informe Semanal que contaba que peligraba su existencia. El hecho de que ya haya calefacción en las casas (no olvidemos que mucha gente acudía a él guareciéndose del frío madrileño) y las nuevas tecnologías, hacen que este tipo de cafés-tertulias no tengan tanto sentido. Afortunadamente, se mantiene en pie y es de esperar que siga adaptándose a los tiempos.

Y, por supuesto, da nombre a uno de los premios literarios más importantes de nuestras letras. Empezó a concederse en 1949 de la mano de Fernando Fernán Gómez. Durante 1976 y 1982 debido a problemas económicos dejó de concederse. Desde el año 1989 es el propio Ayuntamiento de Gijón quien financia este premio. Entre otros escritores, lo ganaron escritores como Carmen Martín-Gaite o  Luis del Val
Os dejo su página web si queréis más información: http://www.cafegijon.com/. También encontrareis muchos datos en la Wikipedia

RUBEN LOZA AGUERREBERE, EL AUTOR:  
 
La verdad, que no encuentro mucha información sobre este escritor. Parece ser que es colaborador de medios como El País de Uruguay (su país natal) y el ABC de Madrid. Entre los premios literarios que ha recibido se encuentra el Premio Borges o la Medalla de las Artes y las Ciencias de Bilbao.



ARGUMENTO: 


Fernando Vicente es un escritor uruguayo que se encuentra en Madrid para la presentación de su primera obra. Una calurosa tarde de julio acude al Café Gijón para tomar un café. Sorprendentemente, aparece muerto en el baño junto con una pastilla, por lo que todo apunta a que fue un suicidio. 
Por este motivo, todos sus allegados se sienten culpables del final de Fernando: su hermana, su antiguo amor o el crítico de El País Germán Yanke son algunos de los que lo conocieron y por diferentes motivos piensan que son los culpables del trágico final de Fernando. 

OPINION PERSONAL: 

Por el título de Muerte en el Café Gijón todo parece presagiar que nos encontramos ante una novela policiaca en la que hay que averiguar entre sus páginas quién fue el asesino del protagonista.

Sin embargo, el planteamiento es otro muy distinto y es lo que hace que esta obra sea tan original. En realidad, sabemos quién es el culpable desde la página 1. Y bueno, en el argumento que adjunto en mi reseña os digo la esencia del mismo para no meteros spoilers de ningún tipo ni para no desvelar su verdadera estructura, ya que en ella reside la esencia de Muerte en el Café Gijón

Como os decía, el libro empieza con el culpable y entonces estaréis pensando que si se acaba la intriga, dónde está la gracia de la historia. Precisamente en eso: en que no es una novela negra al uso sino que es a través de los “sospechosos” cómo vamos conociendo al protagonista. 
 

jueves, 20 de septiembre de 2012

A la sombra de “La Colmena” El Mundo, 16 septiembre (artículo sobre "Bajas esferas, altos fondos", de Jesús Pardos)


Entrevista a José Antonio Fortuny en Libros y literatura



fortunyNo hace demasiado tiempo les hablaba de ¡Alehop!, un libro que me pareció especial desde el momento en que lo vi, pero como ya les comenté en la reseña que de él hiciera en su día, había mucho más detrás de esa preciosa y colorida portada. Este libro, por diferentes motivos, ha venido a mi memoria varias veces en las últimas semanas, y he llegado a la conclusión de que quién lo escribió debería ser también un ser muy especial al que yo tenía ganas de conocer un poco más, y pensando pensando, pensé que también a ustedes les podía interesar conocer un poquito más de este estupendo autor: José Antonio Fortuny.

Iniciaremos esta entrevista con nuestra habitual batería de preguntas cortas, que a mí me gusta hacer porque nos da una visión muy general de la persona con la que estamos conversando

A la hora de escribir...

1. ¿De día o noche?
Cualquier hora es buena. Lo importante, a mi juicio, es tratar de comprometerse con un horario. Encuentro muy estimulante escribir durante esas tardes de invierno, escuchando caer la lluvia de fondo.


2. ¿El papel y la pluma han pasado a mejor vida?
Parece ser que sí. Añoro el sonido del lápiz acariciando el papel, pero la verdad es que el ordenador tiene muchas ventajas, como evitar los tachones, por ejemplo, o poder navegar un rato por páginas de señoritas en bikini cuando sufres un bloqueo en la inspiración.

3. ¿La inspiración llega por sorpresa, o sorprendentemente, siempre te pilla trabajando?
Puede haber un día en el que estés especialmente inspirado, pero siempre te tiene que pillar trabajando. Es muy importante seguir una rutina. Habrá días más inspirados que otros, pero hay que estar ahí.

4. ¿Quién es tu mayor crítico?

Yo mismo, por eso siempre voy ataviado con un una indumentaria de cuero negro y me autoinflijo descargas eléctricas... Corrijo muchísimo, tanto que hasta me he llegado a saber el libro prácticamente de memoria. Y siempre queda tanto por aprender...

5. ¿Qué personaje te gustaría que leyese tu libro?

Me siento halagado con que me lea cualquier persona. Pero puestos a soñar, no estaría mal que lo hicieran Martina Klein o Patricia Conde, que me acariciasen el lomo con esas manos tan delicadas... Creo que es lo más cerca que podremos llegar a estar el uno del otro. Paso de entonar las típicas respuestas como Aristóteles o Gandhi, porque no quiero que después de leer mi libro se descarríen en su propósito de ayudar a la humanidad.


6. ¿Qué libro estás leyendo ahora?

Uno de los libros que más me han gustado esta temporada ha sido "Némesis" de Philip Roth.


7. ¿Qué libro guardas como el más valioso?
No podría elegir ninguno en concreto. Todos los libros que he leído y me han gustado me han ayudado a crecer, forman parte de mí.


8. ¿Qué usas para marcar las páginas?

En esto creo que soy bastante original: un instrumento de unos 30 cm de largo: un palito, que también utilizo para pasar las páginas, sujetándolo por la boca.


9. ¿El mejor lugar para leer?

Me gustaría hacerlo en la orilla del mar, en Menorca, durante un atardecer, con los pies hundidos en la arena. He visto a gente haciéndolo. Pero me tengo que conformar con leer desde mi habitación.

lunes, 17 de septiembre de 2012

El Cultural sobre la presentación de mañana (a las 12h en la librería La Buena Vida) de la novela "Muerte en el Café Gijón", de Ruben Loza

Ruben Loza, Vargas Llosa y un muerto en el Café Gijón

El autor uruguayo presenta su novela Muerte en el café Gijón (Funambulista) en Madrid | El mítico local madrileño, por el que desfilan varios personajes reales, como el Nobel, se convierte en escenario de un crimen

MARTA CABALLERO | Publicado el 17/09/2012

El legendario Café Gijón vive amenazado de muerte. No literalmente, porque sus dueños acaban de salvar su terraza para los próximos 75 años, pero cuentan sus habitantes tradicionales que las tertulias que allí se convocaban han ido emigrando a lugares menos turísticos y que con la ley antitabaco se han esfumado también muchos de los escritores que hicieron del establecimiento del Paseo de Recoletos la zona cero de las letras en Madrid. Protagonista de artículos, libros, pinturas, el viejo local nacido en 1888 ha ido convirtiéndose en otro personaje de la cultura. El último en utilizar su nombre ha sido el uruguayo Ruben Loza Aguerrebere, autor de vasta obra literaria y uno de los más reconocidos en su país, aunque muy poco publicado en España. Ahora el sello Funambulista edita Muerte en el Café Gijón, pequeña pero valiente novela en la técnica que empieza al revés: un escritor muerto sin móvil y un abanico de posibles culpables entre el que el lector tendrá que identificar a los inocentes. "Si es que los hay", matiza desde el hotel donde se aloja en Madrid el autor, que este martes presenta la obra en la librería La buena vida, acompañado del periodista Germán Yanke, que firma posfacio.

Próxima al género detectivesco, sin llegar a serlo, pues su fuerza reside en el tono coral y en el atrevimiento de que cada capítulo se escriba con una técnica diferente, la novela trata de esclarecer qué sucedió en la vida de ese escritor al que le pasó algo inesperado en los baños del local madrileño, aunque también pasea por otras ciudades, como París y Montevideo. "Se pueden inventar las anécdotas pero no las ciudades. Para escribir esta obra acudí a lugares y calles que me gustan", comenta Loza, que también ha elegido personajes reales para poblar su libro. El propio Germán Yanke es uno de los protagonistas, como también lo son Plinio Apuleyo Mendoza, Juan Cruz y su buen amigo Mario Vargas Llosa, otro viejo conocido del Gijón. Precisamente la edición uruguaya de su libro salió a la calle una semana antes de que al peruano le concedieran el Premio Nobel, de manera que la coincidencia de que en este relato el premiado se transformara en un personaje de ficción hizo que la novela trascendiera a un artículo del Chicago Tribune y, de ahí, a muchas otras páginas de periódicos hasta tener una extraordinaria difusión. "Mario, que es muy amigo mío desde hace 40 años, me decía que él había sido muchas cosas, pero nunca un personaje de un libro". 


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"La leyenda de una casa solariega", de Selma Lagerlöf en Análisis Digital

  Nuestra protagonista de hoy tiene el honor de haber sido la primera mujer en obtener el galardón del Premio Nobel de Literatura. Por si eso fuera poco, es la primera escritora o escritor sueco en conseguirlo. Hay quien opina que esto de los premios es caprichoso y que escritores como James Joyce o Marcel Proust no lo obtuvieron.  

Sin embargo, suele ser una garantía de buena literatura. Más, si cabe, en estos de principios de siglo XX. Selma Lagerlöf se aficionó a la lectura y escritura de muy niña, por una dolencia en la pierna que no le permitía la movilidad. Gracias a esa lesión hoy podemos disfrutar de una obra fresca y agreste, romántica y nostálgica que nos despierta instintos nobles en la lectura.

No queremos dejar de destacar el postfacio de Elda García-Posada. En él encontrarán más información sobre la autora y la obra que hoy nos ocupa. La recomendación vuelve a ser leerlo antes de acometer la obra, y no después, pese a estar colocado al final. El motivo es que nos da unas directrices y claves de interpretación que pueden ayudarnos a la hora de comprender lo que se escribe. Frente a esto, y entendemos que ese es el motivo del editor, hay quien prefiere no saber nada de la obra para que esto no condicione la lectura. Quien opine así, evidentemente, debe leer el postfacio después de la obra y no antes.

La novela nos remite a una suecia rural, en todo caso, con una industralización muy incipiente, en la que todavía se nota la presencia de la tradición literaria sueca. En concreto, la literatura fantástica de hechos mágicos y bosques encantados. Esa tradición, combinada con una nueva ola de escritores que se encontraban a caballo entre el realismo que se iba y el experimentalismo que no había llegado todavía, nos lleva a esta novela que anticipa ya a autores como Proust, y que todavía recuerda un poco a los realistas como nuestro Galdós. De todos modos, tiene más de aire fresco que viene a regenerar un realismo que empezaba a quedarse rancio, que de realismo en sí.

La historia es realmente bonita, una historia de amor en la que este –me cuesta no poner la tilde- tiene tanta fuerza que es capaz de resucitar, si no a una muerta, sí a una cataléptica.

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"Muerte en el Café Gijón" en Melibro



MUERTE EN EL CAFÉ GIJÓN
RUBÉN LOZA AGUERREBERE
A veces no se necesita ningún motivo para acabar con la vida de otro ser humano. Algunos homicidas cometen crímenes al azar (asesinan de forma aleatoria: por ser la trigésimo sexta persona con la que se cruzó esa mañana de camino al trabajo, por llevar una bufanda blanca o simplemente porque esa idea surcó su cabeza) o ven el arte del asesinato como un desafío, un reto que se plantean y que se esfuerzan por llevar a cabo, convenciéndose a sí mismos de que pueden hacerlo siempre que les apetezca. En ocasiones, el homicida, es el ser más insignificante. Y algunas de estas ideas son las que atraviesan la mente de Juan María, un químico jubilado, de paso por Madrid que entra a tomarse algo en el Café Gijón. Primero lanza una pastilla en el baño y cuando se cerciora de que apenas hay gente y nadie le ve, vierte otra pastilla dentro del café que está a punto de tomarse uno de los clientes. La persona que morirá será Fernando, un escritor que acaba de publicar un libro titulado Matar a los muertos. Con esta premisa se inicia la sugerente novela de Rubén Loza Aguerrebere titulada Muerte en el Café Gijón, editado por Funambulista.
Sin embargo, la grandeza de la novela estriba en que el crimen de Fernando Vicente se disfraza de suicidio y todas las personas que conocían o mantenían algún tipo de relación con él se empiezan a sentir culpables. Así, el periodista que realizó la crítica feroz de Matar a los muertos cree que ha sido él quien lo ha inducido a la muerte. Eso mismo pensará Esteban Santillán: ¿acaso no fue su indiferencia hacia Fernando lo que le mató? ¿O tal vez Carla, su hermana, por escribirle aquella carta? ¿O a lo mejor fue Carmen? El acierto de la historia no está en la búsqueda del asesino sino en que aquí todos los personajes se creen culpables, excepto el tipo que derramó el veneno sobre su taza: el único inocente. Se trata de una novela policíaca, pero a la inversa. La trama esta urdida de tal forma que todos creerán que son los culpables de la muerte del joven.

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viernes, 14 de septiembre de 2012

Presentación de la novela: "Muerte en el Café Gijón", de Ruben Loza Aguerrebere

Editorial Funambulista se complace en invitarle a la presentación de la novela

 

Muerte en el Café Gijón

 de Ruben Loza Aguerrebere

Una novela de intriga metaliteraria en la que aparecen como personajes de ficción, entre otros, Mario Vargas Llosa,
Plinio Apuleyo Mendoza, Juan Cruz, Germán Yanke...

Un autor aclamado por Antonio Tabucchi, Jean D´Ormesson,
Claudio Magris, Mario Vargas Llosa

 Presentación a cargo de:

Germán Yanke
, periodista

Ruben Loza Aguerrebere
, autor de la novela

Editorial Funambulista



El día martes 18 de septiembre de 2012, a las 12 h.

Librería La Buena Vida
calle Vergara, 10 - Madrid

Al final de la presentación se servirá un aperitivo

miércoles, 12 de septiembre de 2012

"Lo de Marga”, el legado de la artista que se suicidó por Juan Ramón Jímenez” (Editorial Funambulista) Abc, 12 septiembre


Con esta exposición, que podrá verse en la Casa Museo Zenobia-Juan Ramón Jiménez, se recuerda a Margarita Gil cuando se cumplen 70 años de su muerte


«Lo de Marga», el legado de la artista que se suicidó por Juan Ramón Jiménez
Busto de Zenobia que esculpió Margarita Gil Roësset
 
Margarita Gil fue una artista precoz. Desde pequeña y armada con fuerte talento innato, escribió, ilustró, pintó y esculpió. «Lo de Marga», la exposición que se inaugura hoy en la Casa Museo Zenobia-Juan Ramón Jiménez (en Moguer, Huelva), reúne parte de esa obra.
La muestra coincide con el setenta aniversario de la muerte de la artista, como consecuencia de un disparo en la cabeza que ella misma se asestó. Margarita Gil decidió quitarse la vida por un amor imposible: el que sentía por Juan Ramón Jiménez. Mujer de fuertes convicciones religiosas, se suicidó porque el Nobel estaba casado con Zenobia, con la cual, la artista también mantenía una relación muy estrecha.
«Lo de Marga», el legado de la artista que se suicidó por Juan Ramón Jiménez
Manuscrito de Margarita Gil
«Lo de Marga», que estará abierta durante dos meses, recoge una gran selección de los fondos de la artista que pertenecen a la Casa Museo, y que incluyen una importante colección de dibujos originales, documentos, libros ilustrados por ella y su hermana, fotografías de su vida y objetos personales que le dejó a Juan Ramón antes del suicidio.

Biografía

Marga Gil Roësset nació el 3 de marzo de 1908 en el seno de una familia acomodada. Nació muy enferma, hasta el punto de que los médicos la desahuciaron, pero el tesón de su madre y el convencimiento de que el amor podía sacarla adelante la salvaron. Fue educada en el disfrute de las bellas artes, el aprendizaje de idiomas, el dominio del lenguaje musical y los viajes por múltiples ciudades europeas.
Considerada como única y genial, fue la primera mujer escultora en piedra. En 1930, con sólo 22 años, presentó con gran éxito el grupo «Adán y Eva» en la Exposición Nacional. A principios de 1932 conoció a Juan Ramón Jiménez. En un concierto, una amiga común -Olga Bauer- los presentó y la escultora quedó enamorada de él. Marga decidió de inmediato hacer un busto de su mujer Zenobia Camprubí. 


lunes, 10 de septiembre de 2012

Reseña sobre "Bajas esferas, altos fondos" en el blog Mis críticas sobre libros leidos



Ficha Técnica


Título en España: Bajas Esferas, Altos Fondos
ISBN: 978-84-93985-59-2
384 páginas
Rústica
Tamaño: 16 x 22 cm.
Fecha de publicación: junio de 2012
Esta novela es como una tapicería de un tiempo que casi nos parece prehistórico: la vida altofranquista española y su prolongación londinense, evocadas por un autor que vivió de cerca aquel tiempo. Su acción es como un rompecabezas cuyas piezas, de estricta realidad, compusieran escenas ficticias, o como un espejo deformante de la más severa exactitud. Ambos giran en torno a dos ejes —el cabaret de lujo «Don Juan» y la embajada española—, y dan sabroso gato por liebre a condición de mantener la seriedad en un tragicómico sainete de falsos honores y frágiles placeres. Con un estilo barroco e imaginativo, Jesús Pardo (Santander, 1927), uno de nuestros mejores memorialistas y uno de los traductores más prolíficos en lengua española, firma con esta novela una de sus obras más audaz, divertida y original.

Autor


Jesús Pardo nació en Santander, el cinco de mayo de 1927. Se formó en colegios e institutos de su ciudad natal y de Madrid, y, tras diplomarse en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid en 1952, emprendió una larga carrera como corresponsal, corresponsal volante con base en Londres, Ginebra y Madrid, delegado en Escandinavia, redactor y colaborador de las secciones culturales para varios periódicos (Pueblo, Madrid, Agencia EFE, Cambio 16); trabajos que lo llevaron a viajar por Europa, Oriente Medio, Unión Soviética, Norte de África, América, y que lo convirtieron en uno de los grandes conocedores y apasionado cronista de la cultura y de la historia del siglo xx. Fue también fundador y director de Historia 16, desde 1975 a 1978.
Empezó su carrera literaria en 1980 con la publicación de la novela Ahora es preciso morir (primera parte de una tetralogía autobiográfica cuyos títulos siguientes son: Ramas secas del pasado, Cantidades discretas y Eclipses), a la que siguieron otras diez novelas, cuatro ensayos y varios libros de memorias y poesía.
Actualmente vive en Madrid y se dedica exclusivamente a esperar a la Muerte y a escribir sus libros y a colaborar esporádicamente en la prensa. Desde el 2002, después de haber traducido más de 200 libros de quince idiomas, ha renunciado a traducir, excepto libros que, por alguna razón, le interesen. También le entretiene el aprendizaje del suahili y del egipcio faraónico y el estudio interminable de su gran pasión: La Comedia dantesca, cuya traducción espera poder terminar en el «castillo de los espíritus magnos» asesorado por Virgilio.

Opinión Personal


Temáticamente un contra punto a La Colmena, si uno mostró al pueblo llano el otro a los dirigentes.

Un libro que ha nacido de otra lectura, releyendo a Camilo José Cela con la Colmena que nos mostró la postguerra que tal como la sufrieron el pueblo llano enfocándolo en los campesinos y nos presentó la cara más que amarga de esa época, Jesús Pardo nos muestra esa misma etapa histórica pero cambiando los personajes y el tipo de vida que llevan. Ahora nos vemos con las clases pudientes y los arribistas que supieron hacerse sitio en un régimen totalitario y en un momento preciso de la historia de España.
Un embajador, ministros, periodistas todos juntos nos muestran como las oportunidades y los puestos dentro de toda la parafernalia del régimen no se las llevaban quien valía sino que quien con sus contactos o formas más o menos legales o incluso saltándose la moralidad que voceaban para otros y se saltaban ellos, o como se dice castizamente “no hagas lo que yo hago, haz lo que yo digo”.


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viernes, 7 de septiembre de 2012

Artículo de Ángel Vivas en El Mundo sobre "Bajas esferas, altos fondos", Jesús Pardo

La otra cara de “La colmena”
Jesús Pardo publica “Bajas esferas, altos fondos”
Jesús Pardo dedica su novela más reciente, Bajas esferas, altos fondos (Funambulista) a su mujer y a su amigo Camilo José Cela; a este último, “en póstumo tributo de cariño y decepción”. Lo del cariño se explica por la amistad que les unió, que llevó a Cela a romper su costumbre de no presentar novelas para presentar una de las primeras de Jesús Pardo. “Cela era muy amigo de sus amigos, hacía por ellos lo que fuera, menos darles dinero”.
Lo de la decepción quizá no necesite explicación, pero Pardo la da, refiriéndose a “lo grotesco de sus últimos años, indignos de él”. Pero hay un motivo más, y quizá más importante, para la dedicatoria. Y es que Bajas esferas, altos fondos surge de una relectura de La colmena. “Cela sólo habla de gente plebeya, y pensé que faltaba la clase alta para dar la imagen completa de la sociedad española de los primeros años del franquismo, porque una dictadura como la de Franco lo empapa todo y afecta a todos”.
La novela de Pardo tiene un claro tono humorístico porque, como dice él, “es imposible hablar en serio de un régimen como el de Franco; tienes que tomarlo como algo que no tiene razón de ser, pero es”. “Si te lo tomas en serio y no eres historiador, haces el ridículo; hay que tomarlo como una anomalía”.
De modo que en Bajas esferas, altos fondos abundan los episodios chuscos, pero sacados de la estricta realidad (Jesús Pardo se reconoce un escritor al que le resulta difícil inventarlo todo), como el de un aristocrático embajador español liado con una no menos aristocrática británica, casada con un antiguo miembro de las fuerzas especiales, el cual usará los métodos aprendidos en el ejército para vengarse del español.
“Es una novela fotográfica, o mejor, caricaturesca”, dice Pardo. “No he inventado casi nada. Si el mérito reside en la invención, esta novela no lo tiene”. Además de personajes como los citados, por la novela desfilan periodistas corruptos, la clase política del régimen y el propio Franco, al que ni una sola vez se le llama por su nombre, sino por una amplia lista de títulos sarcásticamente laudatorios.
Con espléndida salud a sus 85 años, Jesús Pardo tiene aparcado su viejo proyecto de escribir un diario narrando una decadencia física que, de momento, no aparece. El caso es que siempre ha dado la impresión de ser capaz de enfrentarse a la muerte y aguantarle la mirada. La última vez que vio a su amigo Cela, éste, que moriría poco después, estaba derrengado en un sofá del hotel Ritz, y mantuvieron un breve y significativo diálogo. “Vamos a despedirnos ¿no?”, dijo Cela. “Me temo que sí”, replicó Pardo.
Ahora él, en la última vuelta del camino, sigue haciendo algo que ha hecho siempre: aprender idiomas. Y por aquello de que vejez llama a vejez, está metido con el egipcio faraónico, además de con el suahili. Y, como siempre, la charla con él se puede extraviar con toda naturalidad, por esas dos culturas o por una cita de Tito Livio sobre el sistema político de los germanos. Un personaje, Jesús Pardo.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

En la página web de la Internationale Stefan Heym Gesellschaft hablan de la reciente publicación de "Rehenes" (traducción de Cristina García-Tornel)

Neue Ausgaben in Spanisch, Niederländisch und Englisch

Stefan Heyms Debütroman „Hostages“ aus dem Jahr 1942 (auf Deutsch „Der Fall Glasenapp“) ist erstmals in Spanien erschienen. Er wurde als Taschenbuch unter dem Titel „Rehenes“ (Geiseln) vom Verlagshaus Funambulista aus Las Rozas bei Madrid herausgebracht. Die Übersetzung und das Nachwort stammen von Cristina García-Tornel. Das Buch umfasst knapp 450 Seiten und kostet nach Angaben des Verlages 21 Euro. Im Internet ist eine Online-Leseprobe hinterlegt.  (ISBN 9788493895585)

martes, 4 de septiembre de 2012

Otra reseña sobre 'Alehop' en librosyliteraturas.es

¡Alehop!, de José Antonio Fortuny

¡Alehop!


To be, or not to be, that is the question ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella encontrar el fin?

Viene al caso ¡Créanlo!

¿Ser o no ser?

¿Ser por uno mismo?

¿Ser dependiente sigue siendo ser?

¿Incluso sobre una selva asfaltada?

Malos tiempos corren para la dependencia, cuando parecía que habíamos avanzado siglos en el respeto al ser… Un paso atrás para el hombre y un gran paso para el neoliberalismo. ¡Uf, perdonen, no quería ser moralizante! Y es que en el fondo tampoco es sólo eso…

José Antonio Fortuny, nos da una dolorosa respuesta a algunas de estas preguntas, y lo hace a través de una historia que chorrea humor negro por cada uno de sus capítulos, utilizando en el libro un vocabulario extenso y acomodado a cada situación. Una buena historia contada de una forma absolutamente cautivadora.

¿Ha estado usted en alguna ocasión incapacitado físicamente y ha precisado de ayuda para normalizar su vida?

Si ha respondido afirmativamente habrá visto lo importante que son dos cosas: La familia y/o el dinero.

Pero el libro de José Antonio irá mucho más allá y nos acercará a otros muchos más temas …

La canción del siciliano en Culturamas

Por Juan Laborda Barceló.
La canción del siciliano. Cristina Amanda Tur. Editorial Funambulista. 322 páginas. 19 €.
Lo que se inicia como un asesinato característico de los ajustes de cuentas de la mafia en la isla mediterránea de Ibiza, uno de los vistosos  marcos de esta aventura, se convertirá en la excusa formal para ahondar en una serie de personajes: el siciliano al que hace referencia la canción y sus contrapartes, unos policías de un grupo especial de investigación. El nexo entre ellos será, aparte del citado crimen y otros que irán surgiendo en esta amena narración, una periodista implicada emocionalmente en ambos bandos.
Cristina Amanda Tur construye una novela negra introduciendo elementos nuevos y originales. Todos los señalados hasta ahora serían icónicos del género, pero el carácter isleño de la aventura, de Ibiza a Sicilia y viceversa, la existencia de un mafioso que lo es y no lo es a la vez y la sensación de que los trazos humanos superan a las imágenes comunes y estereotipadas, tanto en mafiosos como policías, otorga al texto un halo especial de renovación del género.
Tampoco suele ser habitual una reflexión profunda sobre el fenómeno mafioso. Hace algunos años, un profesor universitario de historia contemporánea nos explicaba: “Cuando falla el estado aparece la mafia“ y esta frase ha estado rondándome a lo largo de la lectura de este libro. La connivencia evidente entre mafiosos y políticos (en ocasiones, encarnados por las mismas personas) es algo que se explica con claridad en esta obra, dónde la autora demuestra su prodigioso conocimiento de los principales clanes, familias y capos mafiosos, así como de la historia reciente de los más sangrientos atentados (el juez Falcone y la carretera arrasada donde perdió la vida, junto a su familia y guardaespaldas, aún permanecen en nuestra retina…). La problemática social que supone este fenómeno en zonas económicamente deprimidas y administrativamente semiabandonadas, junto a los excesos violentos que tales individuos producen (elemento llamativo sobre el que se ha apoyado toda una mitología de personajes que el cine norteamericano de gangsters ha recogido: Casino, Uno de los nuestros, El precio del poder,…), son algunas de las cuestiones que flotan en este cóctel literario.
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lunes, 3 de septiembre de 2012

"Alehop" en Trabalibros

Vivimos en la época del simulacro, de las falsas evidencias con vocación engañosa de realidad, en la sociedad del espectáculo, como dijo en su día Guy Debord, el cual afirmaba que "El espectáculo no es un suplemento del mundo real, una decoración sobreañadida. Es el núcleo del irrealismo de la sociedad real".

La seducción sustituye a la convicción, la propaganda a la comunicación, la publicidad a la información. Sólo existe la realidad de las apariencias, hijas éstas de la ignorancia y el cálculo interesado. En un mundo así, en una "selva asfaltada", ¿qué papel juega la inocencia y la honestidad? ¿Es inteligente mantenerse íntegro? ¿Puede la honradez convertirse también en un espectáculo? ¿El dolor ajeno debe interferir en nuestra escalada hacia los mezquinos objetivos que nos animan? ¿Todo medio vale, si el fin nos satisface? Manipular o ser manipulado, ¿es esta la única alternativa?

De alguna manera, todas estas preguntas subyacen de fondo en "Alehop", una farsa tragicómica en la que un angustioso problema doméstico que afecta a una pareja de ancianos, tras una serie de giros sorprendentes que transforman la vida de los viejos en un reality show ("Bigyayos") y su casa en un lugar de peregrinación para devotos de los milagros, acaba convirtiéndose en un número circense disfrutado bajo los focos por un público ansioso de entretenimiento agridulce que "parezca real".


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"Rehenes", de Stefan Heym, en la revista Muy Interesante


Reseña sobre "Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible" en Babelia