jueves, 21 de marzo de 2013

Editorial Funambulista felicita a José Ovejero (autor de los libros publicados por Funambulista: Las vidas ajenas, Huir de Palermo y Los políticos/La plaga), ganador del Premio Alfaguara de Novela 2013


José Ovejero. | EfeJosé Ovejero. | Efe
El escritor madrileño José Ovejero ha ganado el Premio Alfaguara de Novela 2013, por mayoría, por 'La invención del amor', un relato generacional situado en Madrid, con elementos del "thriller" clásico, y una obra sobre la soledad, el amor y la capacidad para reinventarse y autoengañarse.
El jurado de este premio, dotado con 175.000 dólares (unos 130.000 euros) y una escultura de Martín Chirino, ha estado presidido por Manuel Rivas y compuesto por Annie Morvan, José María Pozuelo Yvancos, Jordi Puntí, Xavier Velasco, Antonio Ramírez y Pilar Reyes (con voz pero sin voto).
José Ovejero (Madrid, 1958) vive en Madrid y Bruselas. Desde que ganara el Premio Ciudad de Irún 1993 con su poemario 'Biografía del explorador', ha cultivado todos los géneros, y ha publicado libros como 'China para hipocondríacos' (Premio Grandes Viajeros 1998), y su novela 'Las vidas ajenas' (Premio Primavera 2005) y 'La ética de la crueldad' (Premio Anagrama de Ensayo 2012).

ALBERT NOBBS RESISTIENDO A LOS SEXOS Y A LOS GÉNEROS


Pensé que los pesares habían desaparecido junto con las enaguas.
GEORGE MOORE, La vida singular de Albert Nobbs, Ed. Funambulista, 2011.
La construcción del propio ser, de la existencia de cada un@ de nosotr@s en un momento y un lugar dados, y que en un grado u otro permanecerá durante el futuro, no deja de ser nunca un camino comparativo con respecto de unos cánones culturales (con lo que de presencia del pasado implica). La discusión iniciática y reduccionista sobre el sometimiento de esa construcción a un sustrato exclusivamente natural o cultural debería quedar ya superada con la noción de que uno y otro nos condicionan por medio de una maraña interminable de interacciones sociales en las que el sujeto tiene también algo que decir: no sólo es maniquí sobre el que se cuelgan formas de entender y otros aditivos, sino también berbiquí que taladra, articula y re-crea lo que a su paso va descubriendo. Aceptar esto como válido conlleva admitir un cierto juego simultáneo de pasado, presente y futuro, así como la necesidad de respetar la agencia del individuo.
Ya nos lo transmitió el etnólogo Marcel Mauss sintetizando que el cuerpo es el primer y único instrumento que tiene el ser humano para ver y ser visto en su entorno; para relacionar y relacionarse, para actuar y actuarse; para ser. A partir de aquí, realidad biológica incuestionable, el momento creativo comienza su andadura.
Así, en tanto somos un ser social, la confrontación con el grupo es innegable y, a efectos de aprendizaje, necesaria. El producto, si así se le puede llamar, nunca concluso, es un todo en el que el individuo se difumina. La llamada individualización de Beck y Beck-Gernsheim no es más que una forma de interacción entre individuos: relaciones líquidas de Bauman conformadas por una (post-, neo-, ultra-) modernidad modelada que si bien parecen contribuir a facilitar las elecciones de los actores haciendo que se sientan principales, en el fondo los vuelven más bien secundarios, figurantes. Porque esas mismas interacciones que unen también separan. Eso a lo que se llama cultura tiende a unir por medio de la uniformidad de un pretendido y manipulado consenso y está recorrido por vectores de fuerza que sólo nos permiten percibir, relacionarnos y actuar de una manera, digamos, “hollywoodiense”. Estas son algunas de las dicotomías culturales que se manejan habitualmente en el pretendido mundo “occidental” (de profunda tradición judeo-cristiana): bien-mal, cara o cruz, público-privado, mujer u hombre. El problema surge cuando la esfera social se postula hegemónica e impone su negación de la individualidad, de la diversidad, asumiendo como evidencia natural hechos que no son más que constructos culturales:
Nadie comentó nunca haber visto a Albert saliendo con una mujer (…). Era como un duende extraño, con el que no les hubiera gustado que las viesen, pero al mismo tiempo les parecía divertido que nunca le hubiera propuesto salir a ninguna de ellas. (…) Su vida era extraña y misteriosa, aunque siempre estuviera a la vista de ellos salvo las horas en que dormía (…) Desde que se levantaba por la mañana hasta que se acostaba por la noche lo veían subiendo y bajando las escaleras con la servilleta sobre el brazo y recibiendo órdenes con una sonrisa, como si una orden fuera igual que una propina de media corona; siempre estaba de buen humor y compensaba su falta de interés en la gente con su voluntad de agradar.
Así era el/la protagonista secundari@ de La vida singular de Albert Nobbs (1918). Así es. Receptiv@, obediente, transgresor… ¿transgresor? Su creador, George Moore, saca a relucir una profunda realidad: «Había estado tanto tiempo haciéndose pasar por un hombre que sólo recordaba muy de vez en cuando que era una mujer. (…) –No se chivará e impedirá que una pobre mujer se gane la vida». Una mujer, de sexo y género mujer, sola, todavía joven, en el Reino Unido de principios del siglo XIX, industrializado y aburguesado hasta los dientes, sucio, polvoriento, repugnante y hostil. Se sentía como si estuviera en medio de un gigante tablero de ajedrez en el que él/ella fuera el único peón, los demás fueran torres y todas las fichas estuvieran bajo la amenaza del rey ¿Cómo iba a sentirse si no en una de las grandes cunas del patriarcado?
Nací siendo una hija ilegítima y nadie (…) sabía quién era yo. (…) Su secreto le había obligado a vivir al margen de ambos sexos, la ropa que llevaba reprimía a la mujer que había dentro, y ya no pensaba ni sentía como lo hacía cuando era mujer, pero tampoco pensaba ni sentía como un hombre. Era una mera presencia, nada más, por eso no era raro que se sintiese sol@.
En un mundo heteronormativo, la ambigüedad y la libertad identitaria se perciben como grandes enemigos. Las presiones para manipular la adscripción a una identidad grupal concreta, aunque de algún modo reconfortan, en el fondo paralizan y llenan de incertidumbre a l@s individu@s, deseosos de complicidad constructiva. En especial cuando se habla del género, que, tradicionalmente asociado al sexo (una de las primeras evidencias naturales que la educación y el aprendizaje social, arraigados ambos en un cientificismo pretendidamente incuestionable, intentan ordenar), no deja de ser otra construcción más, otra forma de ser de cara a uno mismo@ y a l@s demás.

martes, 19 de marzo de 2013

Books & Co.: LA VIDA SINGULAR DE ALBERT NOBBS


Autor

George Moore nació el 24 de febrero de 1852 en el Condado de Mayo (Irlanda) y murió el 21 de enero de 1933 en Londres. Novelista, cuentista, poeta, crítico de arte, memorialista y dramaturgo, Moore provenía de una familia católica, aristocrática y terrateniente. Con la intención de ser pintor antes que escritor, estudió arte en París en los años 1870, donde llevó una vida bohemia y conoció a los principales pintores impresionistas, a los que retrató en su libro de memorias Confessions of a Young Man, uno de los primeros textos que mencionaron a este grupo de artistas. Autor prolífico, polémico y de gran fama en su tiempo, empezó a escribir bajo la influencia del Naturalismo de Zola y más tarde participó en el movimiento nacionalista del Irish Literary Revival. Tradicionalmente situado al margen del canon literario irlandés, ahora se le considera el primer novelista irlandés moderno. Su influencia sobre James Joyce ha sido reconocida por numerosos críticos de prestigio.

Sinopsis

Publicada en 1918 (y adaptada al teatro en 1982 y, recientemente, al cine, interpretando al protagonista Albert Nobbs, tanto en los escenarios como en el celuloide, la gran actriz norteamericana Glenn Close), esta novela breve perteneciente a la colección de cuentos orales A Story-Teller's Holliday relata con una modernísima técnica narrativa las andanzas y dificultades de una mujer que se ve obligada a hacerse pasar por un hombre para poder ganarse la vida en la Irlanda de los años 1860.



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El viernes pasado me acerqué a la biblioteca en busca de las últimas novedades que habían traído. Como siempre me gusta vagabundear entre las estanterías, suelo encontrar algún libro curioso. Mirando aquí y allá, me topé con el que traigo hoy, aunque más que libro se podría catalogar de mini-libro por su pequeño tamaño (algo así como una mano pequeña). 

Había oído  hablar de la película Albert Nobbs (que por cierto aún no he visto pero tras la lectura del libro me propongo hacerlo) y no sabía que el film estaba basado en este librito del autor George Moore.

Su reducido tamaño, sus 142 páginas, y sus 20 líneas por página te permiten engullir el libro de pé a pá en una sentada, al margen de que la trama es bastante, ¿cómo decirlo?, insólita. Resulta no menos curioso el hecho de que un autor nacido a mediados del siglo XIX escribiera una obra que se publica en 1918 y que aborda temas como el travestismo (por causa justificada), el maltrato, la convivencia o el matrimonio entre personas del mismo sexo e incluso la adopción. Desconozco cómo sería acogida la obra por la crítica pero por la temática es muy probable que en su época levantara alguna que otra ampolla. 

Por otra parte, el libro está escrito con una técnica narrativa que si bien puede llegar a confundir al lector, Moore solventa el obstáculo con bastante maña. Los diálogos no se desarrollan como se acostumbra en un libro. En este caso, están insertos en los párrafos y carecen de entrecomillado. De esta forma, todo es un continuo. 

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viernes, 15 de marzo de 2013

Entrevista capotiana en el blog Alma en las palabras a Ruben Loza, autor de "Muerte en el Café Gijón"


En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama 1999), y en él el autor estadounidense se entrevistaba a sí mismo con especial astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Rubén Loza.
Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
Por muchos motivos, aquí, en Montevideo.
¿Prefiere los animales a la gente?
 No; prefiero a la gente.
¿Es usted cruel?
No, no lo soy.
¿Tiene muchos amigos?
Muchos;  me siento enriquecido por ellos. Entre los escritores, puedo mencionar a Germán Yanke, Raúl Guerra Garrido, Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montener, Mario Vargas Llosa y, en fin, Jean d’Ormesson. Tuvo el placer de tratar mucho a Borges, a Bioy Casares, a Octavo Paz y a mi maestro, Ernesto Sábato, el primero en impulsar mi quehacer literario desde el otro lado del “río de seueñera y barro” como lo decía Borges en un poema. Por cierto, también son muchos mis amigos periodistas, o políticos, como los ex presidentes uruguayos Lacalle y Julio María Sanguinetti. Me honro con su amistad.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
No las busco; sencillamente nos encontramos, porque la  amistad es transparente.
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
No; una triste experiencia, supongo.
¿Es usted una persona sincera? 
Soy una persona sincera, simple y clara, sin ambivalencias.
¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?
Con mi familia, con mis libros, escribiendo, con mis amigos, haciendo nada.
¿Qué le da más miedo?
Temo decirlo.
¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?
La vanidad, la envidia, la descortesía, la insinceridad, el desamor…
Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?
En la vida nos pasan cosas que pueden ser de ficción. Soy escritor y periodista, y fui profesor de literatura. Fui profesor unos años; incluso di conferencias en las universidades de Austin (Texas) y de Kentucky. Pero creo que dado el caso planteado, de todos modos hubiera sido solamente periodista.



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El asunto Lemoine, de Marcel Proust, en Análisis Digital

Estafa finisecular

Si nos asombramos de la corrupción que avanza puestos de manera firme en las preocupaciones de los españoles, en nuestra propuesta de hoy El asunto Lemoine, de Marcel Proust –Editorial Funambulista- descubriremos que la estafa a gran escala y el pelotazo rabioso ya estaban de moda en la Francia de principios del siglo XX y finales del XIX.
Lemoine fue un avispado personaje que consiguió convencer a los principales explotadores de las minas de diamante del mundo de que era capaz de fabricar la piedra preciosa a partir del carbón.
Se inventó una fábrica y asustó de tal manera a los principales magnates que obtuvo una poderosa suma de dinero a cambio de su silencio. Como buen estafador se fugó esquivando el juicio por su delito.
Marcel Proust, se hizo grande por su saga titulada En busca del tiempo perdido. Son célebres las magdalenas que evoca en el primer título, Por el camino de Swann. En esta serie encontramos a un Marcel Proust muy detallista de párrafo largo y profundas reflexiones. Por eso, nuestros lectores se verán sorprendidos por la brevedad y concisión de la obra que nos ocupa. Un estilo bastante ágil para lo que se llevaba entonces nos introduce en la parodia de autores que estaban en auge entonces, como Gustave Flaubert, Ernest Renan o Saint-Simon.
La propuesta es que estos escritores eran quienes firmaban los capítulos del libro, aunque realmente era el propio Proust quien los escribía parodiando la grandilocuencia y el academicismo de la época.
Otro de los asuntos del libro es la pompa cortesana que, pese a la Revolución Francesa, presidía aquellos tiempos. Lo que se conocía como “ecos de sociedad” está atinadamente parodiado y llevado al ridículo con maestría fiel a lo que se podía leer en la prensa de principios del XX tipo New York Times, Le Constitutionnel o Le Figaro.
Ahora que se han puesto de moda series como Gran Hotel o Downton Abbey, nuestros lectores podrán disfrutar de este libro escrito entonces y no de una literatura vintage que también tiene mucha aceptación y que, evidentemente, se ha tenido que documentar en los libros y periódicos de la época.

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jueves, 14 de marzo de 2013

‘Videojugarse la vida’, la ópera prima de Daniel Cotta, rompe los moldes de la novela clásica

Tramas inverosímiles y humor son las características de la obra de este profesor de Lengua y Literatura

Por: Tania J. Baeza

Fuente: Lecturalia
Fuente: Lecturalia
Comenzó  su carrera literaria, a nivel público, ganando el accésit en el Certamen de Poesía de Humor Jara Carrillo 2003. ¿Qué nos puede contar de la obra que presentó al certamen?
Se trataba de una obra satírica. Se llamaba Consejos del Tío Sam a su sobrino y era una crítica al imperialismo de Estados Unidos, que en aquellos días vivía su máxima efervescencia en la Segunda Guerra de Irak. Resulta paradójico que en Videojugarse la vida haya una escena que se burla precisamente de la manida costumbre de criticar el imperialismo yanqui; y es que no hay nada más constructivo que reírse de uno mismo.

Desde entonces ha dado el salto a la novela, ¿qué le impulsó a tomar esta decisión?
Como devorador de libros, me considero omnívoro; siempre me ha gustado probar todos los sabores literarios: la intimidad del poema, la humanidad del teatro, la totalidad del relato… Como escritor, también soy curioso y me gusta experimentar. A fin de cuentas, el poeta y el novelista paren hijos semejantes: mundos que no existen. El poeta los crea frágiles y cerrados como pompas de jabón, y el novelista crea universos completos y en expansión continua.
Dicho salto, ¿implica el abandono de la poesía?
Ni mucho menos. Ya he dicho lo hermanas que son la poesía y la novela. De hecho, en Videojugarse la vida no falta de vez en cuando un rincón para un poemita burlón y desenfadado que le dé algo de pique y sabor al canto monódico de la prosa.
Su novela, Videojugarse la vida, no sigue los cánones clásicos de las novelas que se han publicado hasta ahora. ¿Qué le llevó a romper unas reglas establecidas desde hace décadas?
Aunque suene contradictorio, la inspiración para esta novela tan fuera de lo común viene de los clásicos más consagrados, si bien clásicos que cultivaron una narrativa poco convencional, como son el Dante de la Divina Comedia y el Quevedo de los Sueños. Al igual que en esas obras, la narración de Videojugarse la vida es un relato alucinado y grotesco en que un extraterrestre peregrina por nuestro mundo guiado por esperpénticos cicerones. En su periplo descubre la anormalidad de lo que nosotros consideramos normal y desenmascara el surrealismo escondido en lo que llamamos rutina, en lo que llamamos racional.
¿No fue una decisión muy arriesgada para alguien que aspiraba a publicar su ópera prima?
Según se mire. La verdad sea dicha, yo fui el primero en tener mis dudas con la novela desde el punto y hora en que no sabía a ciencia cierta si llamarla novela. Es cierto que contiene aventuras y muchas peripecias, pero en multitud de ocasiones la novela propone juegos y retos de ingenio relacionados con la trama que el lector debe resolver para seguir leyendo; y a menudo, después de conocer a un nuevo espécimen humano, el lector debe decidir qué hacer con él: si exterminarlo, indultarlo, abducirlo para el estudio en su planeta de origen u otras opciones. De esta manera, el lector no lee simplemente, sino que juega. Puede que este aspecto novedoso y, como usted dice, arriesgado sea a la postre uno de los que decidió a Funambulista a apostar por el libro: lo insólito del planteamiento, lo inusitado de la estructura y lo sorprendente y descabellado del desenlace.

portada ópera prima escritor malagueño
portada ópera prima escritor malagueño
En Internet, algunos lectores de su obra, hablan de un videojuego novelado que se vive en primera persona. Pero, ¿cómo definiría usted Videojugarse la vida?
Videojugarse la vida es un videojuego hecho con palabras en vez de imágenes: el mando se llama mano y la pantalla se llama libro. El lector debe jugarla, no leerla.  La narración te lleva por escenarios muy variopintos: pasas por el hospital, la cárcel, el instituto, el cementerio… No solo conoces a numerosos personajes, sino que debes decidir sobre su suerte. La trama te plantea diversos minijuegos que debes resolver con dosis de ingenio y de mucho humor. La acción te plantea distintos caminos: tú eliges cuál seguir; eso sí, corres el riesgo de equivocarte y pifiarla. Pero no pasa nada: tienes muchas vidas.
La tipografía también raya la locura: distintos tamaños y tipos de letra, cuadros de texto, crucigramas, renglones boca abajo… No es una novela, no es un ensayo. Es Videojugarse la vida.

Preparando la entrevista he leído varias entrevistas que le han hecho diversos medios. Me ha llamado la atención la siguiente afirmación: “debemos reírnos de nosotros mismos, pero sin ser inmisericordes”.  ¿Este es uno de los objetivos de su primera novela?
El objetivo primordial de Videojugarse la vida es la risa. Quiero que el lector se divierta. Me hace muy feliz encontrarme con lectores que me cuentan que, leyendo tal o cual fragmento, se rieron a carcajada limpia. Dado que el héroe de la novela es un extraterrestre, sus ojos alucinados tienen ocasión de estudiar nuestras manías, nuestros vicios, nuestras vanidades, nuestros quehaceres cotidianos… En esas vivencias reside el humor de la obra: nuestras costumbres más anodinas resultan ridículas e irrisorias vistas con ojos de extraterrestre.

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lunes, 11 de marzo de 2013

Entrevista capotiana a José Antonio Fortuny en el blog Alma en las palabras


En 1972, Truman Capote (1924-1984) publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama 1999), y en él el escritor estadounidense se entrevistaba a sí mismo con especial astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de José Antonio Fortuny.

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?
La isla de Menorca se ha convertido en el lugar donde tengo que vivir, y más concretamente en los pocos metros cuadrados de esta habitación. La isla tiene grandes privilegios, como su belleza y la calma, pero también algún inconveniente. Aunque en absoluto me quejo por vivir aquí, si pudiera elegir me gustaría poder ver más mundo.
¿Prefiere los animales a la gente?
No, en absoluto, la gente me gusta muchísimo más. He tenido animales que me han hecho mucha compañía, pero me encanta conocer gente nueva. Siempre es un riesgo porque te pueden hacer daño, pero también te pueden proporcionar unas satisfacciones que los animales nunca te podrán dar.
¿Es usted cruel?
No mucho. A lo largo de mi vida creo que he sido más cruel conmigo mismo que con los demás.
¿Tiene muchos amigos?
No todos los que quisiera. Bueno, estoy bastante solo, esa es la verdad. Y no porque no sea una persona sociable, sino porque "simplemente" no me puedo mover. Padezco una enfermedad muscular que me tiene totalmente paralizado. Salir al exterior es una odisea. Y esto entraña muchas dificultades para conocer gente.
¿Qué cualidades busca en sus amigos?
Soy una persona que ha aprendido a saber coger el lado positivo de cada persona. Pero si puedo elegir, diría que una de las cualidades fundamentales es que sean personas vitalistas, con sentido del humor, con curiosidad por aprender cosas nuevas, y que sepan escuchar. No sé si es mucho...
¿Suelen decepcionarle sus amigos?
A todos nos ocurre esto alguna que otra vez. Y por supuesto, supongo que yo también he decepcionado. Es el riesgo que entraña conocer gente, pero aun así creo que vale la pena.
¿Es usted una persona sincera?
Procuro serlo. Pero no hasta ese extremo de decirle algo a alguien que sepa que le va a doler. Por ejemplo, si un compañero que ha escrito un libro me lo da a leer y no me gusta, no se lo digo. Me voy por la tangente.

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jueves, 7 de marzo de 2013

Alehop, de José Antonio Fortuny, en Memorias literarias desde el país de octubre





Sinopsis (de la contraportada): Un misterioso circo llega a un pueblo remoto. Mientras la población se queda hipnotizada por el espectáculo tan vanguardista que se despliega ante ella, una pareja de ancianos trata de solucionar lo que es, a todas luces, un insignificante problema doméstico. Sin pretenderlo, se verán involucrados en una aventura trepidante, en una compleja trama -en la que el circo y su sibilino mánager tendrán su papel- que les llevará hasta límites insospechados.


¿Por qué lo he leído?: Hace relativamente poco tiempo empecé a ver reseñas de este libro en varios de los blogs que sigo, todas muy favorables, por lo que Alehop llamó poco a poco mi atención y lo apunté en la eterna lista de "libros que quiero leer (pero a ver cuándo le puedo hacer hueco)". Hasta que un buen día, hará cosa de dos meses, José Antonio Fortuny, autor de la novela, se puso en contacto conmigo vía e-mail para ofrecerme un ejemplar de su novela. Como bien podréis imaginar, no dudé en aceptar. Con una velocidad increíble, lo recibí en mi casa a los pocos días y heme aquí hoy, reseñándolo.


Sorpresa: Lo primero que debo decir es que en conclusión me ha sorprendido mucho esta lectura. Esperaba una historia algo más convencional de gente con problemas a través de los cuales reflejar una crítica social, y eso sucede, pero el desarrollo no es convencional. Todas las situaciones quedan exprimidas hasta su máxima potencia para mostrar lo peor del género humano sin dejar títere con cabeza. Para resumir este párrafo, es una novela que resulta muy sorprendente y de la que es difícil (o imposible, más bien) sacar conclusiones precipitadas del tipo "esto va a acabar de esta manera o de esta otra", cosa que no es tan fácil que suceda a estas alturas. Eso es lo mejor de Alehop, su capacidad de avanzar por el cauce más inesperado. Al principio, confieso, me descolocó un poco este desarrollo de los acontecimientos, pero según avanzaba no podía dejar de pensar hasta dónde podría llegar la narración, con ganas de más.


Crítica social: Sin duda esa es la base de Alehop. No se salva nadie: políticos, periodistas, televisiones, gente de a pie, los recortes sanitarios, el uso de la justicia... En todos está presente el descontrol, la injusticia, la codicia, el poder, las perversiones o la hipocresía. Se demuestra que cuanto más éxito se tiene, más se quiere y, además, a costa de lo que sea, mientras que los que menos poder tienen en la escala social, están condenados a ser marionetas del gobierno o de la televisión, con la que pretenden mantenernos entretenidos a base de programas vacíos y refritos de formatos, donde cualquiera puede hacerse famoso de la noche a la mañana por nada y sembrar una legión de fans, para luego caer tan rápido como subió, crucificado por esas mismas personas. Como la vida misma. He visto la sociedad en general muy bien reflejada en este libro y eso me ha gustado. Me ha parecido muy interesante además que en medio de todo ello se encuentre un circo. El concepto "circo" es fácilmente aplicable a lo que tenemos ahora mismo en este país (y en otros muchos), sobre todo en política, así que es muy acertada la aparición del circo en la novela y las lecturas que se pueden dar a este hecho.


Originalidad y estilo: Críticas sociales se pueden hacer muchas en este mundo, pero hay que saber hacerlas para no caer en el tedio y la repetición. José Antonio Fortuny, desde luego no cae en esos problemas, pues utiliza un muy acertado humor negro y ácido, mucho sarcasmo y situaciones rocambolescas, lo que da ritmo a su novela y mucha, mucha originalidad. Tiene una forma de expresarse muy desenfadada, sin tapujos ni pudor alguno, y eso se agradece. Se trata de criticar de un modo canalla y con mucha gracia la situación en la que estamos envueltos los habitantes de este mundo. Angustia y diversión se dan la mano en Alehop a partes iguales y se hace bien, con mucha frescura y un lenguaje ágil y culto.


Conclusión: Creo que es una novela que puede gustar, y mucho, porque es osada, muy actual e invita a la reflexión. Además, es entretenida y su división en capítulos cortos la hace rápida de leer. Aunque al principio me pareció "rara", me ha acabado gustando por todo lo que esconde.
 

miércoles, 6 de marzo de 2013

Artículo en la revista Qué Leer sobre August Strindberg


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Entrevista

Entrevista en Intereconomía a Max Lacruz, editor de Funambulista, sobre "El amor de un hombre de cincuenta años", de Anthony Trollope, y "El asunto Lemoine", de Marcel Proust

martes, 5 de marzo de 2013

La musa y el espíritu. Crítica a Alehop, de José Antonio Fortuny


Rosa Montero describe esta novela como "una farsa negrísima, angustiosamente divertida, ingeniosa, inteligente y muy actual". ¿Qué se esconderá bajo el título de Alehop?, ¿te pica la curiosidad? Sigue leyendo...

Un misterioso circo llega a un pueblo remoto. Mientras la población queda hipnotizada por el espectáculo tan vanguardista que se despliega ante ella, una pareja de ancianos trata de solucionar un insignificante problema doméstico: dotar de ayuda asistencial a una anciana que no se puede levantar de la cama. Así, sin pretenderlo se verán envueltos dentro de una aventura trepidante muy surrealista pero, con un fondo, muy real.
Cuando acabé la novela, me asombré de la sensación que me estaba invadiendo. Es increíble lo que puede sentir un lector después de haber leído una gran novela, tanto que, me dejó sin palabras, sin argumentos para defender la extraordinaria brillantez de esta obra.
Escrita con un lenguaje desenfadado, José Antonio Fortuny indaga en la psique del ser humano sin pretenderlo y en los problemas de la sociedad actual. El poder, la política, etc. lo domina todo y no somos capaces de verlo incluso cuando estamos dentro de la trama. Y esto es lo que le pasa a esta pareja de ancianos. Él ya no puede levantar a la mujer de la cama y acude a los servicios sociales a pedir ayuda asistencial. Éstos un tanto incompetentes solamente le conceden la ayuda 3 días a la semana y el hombre hará lo imposible por conseguir algo más de ayuda pero al parecer es preferible invertir el dinero en mantener contento y entretenido al pueblo que en mejorar la vida de las personas que lo necesitan. 

viernes, 1 de marzo de 2013

“Las segundas criaturas”, de Diego Cornejo Menacho, Revista de Letras



Las segundas criaturas.
Como dejó escrito Marcelo Chiriboga en su novela La caja sin secreto: “Ninguna vida es una novela, pero para vivirla nada hay mejor que una novela”. Y es conocido que Chiriboga, según reveló Carlos Fuentes al escritor ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, es una invención de José Donoso. “Era el miembro que le faltaba al boom”, sentenció Fuentes. Y Diego Cornejo Menacho (Quito, 1949) publica Las segundas criaturas en España (ya lo hizo en 2010 en Ecuador) novelando la infancia de Marcelo Chiriboga en Riobamba, sus estudios en Quito, su cambio de nombre, su toma de conciencia política y su triunfo literario hasta conseguir el premio Cervantes y morir en el olvido. Ello lo hace de la mano de su agente y amiga española, catalana, Nuria Monclús, “La Polaca” en la novela. Una agente que es trasunto de la editora que trajo el boom latinoamericano a la península, ¿Carmen Balcells? Aunque, como recuerda el autor al inicio de la novela, los personajes son seres de ficción, seudónimos que  provienen de una visión infundada de la vida. Si poder evitar el parecido entre la literatura y la realidad, claro está.
Las segundas criaturas de Cornejo Menacho completan la invención de Fuentes y Donoso desde la ironía. El jardín de al lado y Donde van a morir los elefantes, de Donoso, son las obras donde este personaje comienza a respirar. Una broma conjunta con el objetivo de conseguirle a Ecuador un representante en el boom. Posteriormente a las obras de Donoso, Fuentes continuará con el mito en su Diana o la cazadora solitaria, introduciéndolo en esta obra autobiográfica. La novela de Cornejo Menacho comienza con los últimos días de Chiriboga en París, construyendo la vida del escritor desde su inicio y sirviéndose de los espacios creados por Donoso y Fuentes para darle ficción a su recorrido. La broma continúa. Y construye la historia sirviéndose de referencias continuas, también burlonas, a la vida de Fuentes, a la obra de Donoso (al inicio, su esposa Adéle de Lusignan está leyendo Donde van a morir los elefantes), a las relaciones amorosas de Fuentes, en concreto con Jean Seberg, al ánimo pecuniario de Nuria Monclús, a la repercusión de su obra La caja sin secreto, su expulsión de México y su llegada a París, a Roma, su amistad con Oquendo, la invisibilidad de la literatura ecuatoriana en el mundo hispanohablante, sus preferencias políticas que le llevaron a ser rechazado por los comunistas y no aceptado por los liberales burgueses, la ayuda que recibe del embajador Benjamín Carrión para lograr la supervivencia, el éxito de su obra y el olvido posterior…

Chiriboga es el boom.  Homenaje al boom. Conquista de la posición literaria. Oportunismo. Decadencia. Una mirada descarnada a Ecuador. Y a los cenáculos e intereses literarios, económicos. Y el autor de Las segundas criaturas no sólo nos presenta la vida y obra del “supuesto” premio Cervantes, sino que logra alzar alrededor de Chiriboga, junto a los otros personajes principales Adéle y la agente Nuria Monclús, una visión completa sobre su país en la segunda mitad del siglo XX y sus momentos políticos y literarios. En ello se adivina la visión de periodista de Cornejo Menacho, que como apuntó Eduardo Varas: “… está preso en la dicotomía ecuatoriana, entre ser un periodista en el ojo del huracán de estos días y un novelista impresionante”. Su estructura es compleja, sin concesiones. El lenguaje del que se sirve para completar el corpus literario del personaje creado por Donoso y Fuentes es preciso, está cargado de ironía y referencias con doble lectura, segundas interpretaciones tras el sarcasmo que hacen que la novela pueda ser analizada en el contexto del boom una y otra vez, y que en cada lectura se descubran nuevos detalles que son referencias a ese movimiento literario y a las circunstancias que lo rodearon. Pero Cornejo Menacho lo hace desde el paso del tiempo, que siempre da elementos más precisos para sus análisis, apartados de las euforias literarias que constituyen los movimientos literarios en el instante de su irrupción.  Las segundas criaturas, por lo tanto, se convierte en una obra clave para saber quién fue Chiriboga, qué latía en el boom, y por qué llegó a ser uno de los autores más exitosos. El objetivo del autor apócrifo, queda claro, era “… escribir buenas novelas, y en todo caso recibir reconocimientos por su literatura, y que, si eso era ser burgués de mierda, él no podía hacer nada”.