jueves, 29 de agosto de 2013

"El hundimiento", de Francis Scott Fitzgerald, en la Revista Sonograma


Francis Scott FitzgeraldEn la obra de Francis Scott Fitzgerald (1896-1940), las melodías se diluyen en los contornos de una literatura que abarca el discurrir de la existencia en términos de rebelión y decepción. «Está claro que vivir consiste en hundirse poco a poco”.
El Hundimiento, este bello tríptico reeditado por la editorial Funambulista, traducido por Max Lacruz e Isabel Lacruz, que incluye The Crack-Up (revisada por Edmund Wilson, editor y amigo del autor), Handle with Care y Putting It Together nos enseña algo más que la quiebra de la naturaleza humana. Son textos autobiográficos, escritos a mediados de los años treinta, del novelista norte-americano que se convirtió, con un talento narrativo indiscutible, en el exponente de la era del Jazz; sus fascinantes cuentos (1922) así lo confirman. El éxito imparable, su vida opulenta y su caída marcaron el transcurrir de su trágico destino, un repentino dolor agudo del alma.
Nacido en Minnesota, en el seno de una familia de origen irlandés, Fitzgerald se casó con la escritora Zelda Sayre, su musa inspiradora, con quien mantuvo una relación muy compleja; con ella vivió experiencias de exceso de una gran dureza: la fascinación y los estragos del éxito, la locura de Zelda, su propio alcoholismo y una acelerada postración anímica que le llevó a un progresivo hundimiento espiritual.

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miércoles, 21 de agosto de 2013

"Los crímenes del Museo del Prado", de Tomás García Yebra, en el blog Cómo hablarte



LOS CRÍMENES DEL MUSEO DEL PRADO

TOMÁS GARCÍA YEBRA

Ecitorial: FUNAMBULISTA

Sinopsis:

El misántropo y mordaz periodista Mariano Larra y el intrépido y seductor fotógrafo Fran Kapa serán los testigos y a la vez los únicos sospechosos de unos inexplicables asesinatos mientras realizan un reportaje sobre una exposición de Velázquez en el Museo del Prado. Estos dos anacrónicos y atrabiliarios personajes, junto c on otros cuatro —un guasón estudiante de robótica, una extravagante danesa admiradora de cuadros sobre enanos, un escritor empedernidamente romántico y el oportunista director del dominical Todos Encantados—, se verán envueltos en una trepidante investigación que les llevará, en su búsqueda de la verdad, hasta las entrañas del propio museo y de sus insondables misterios. En esta novela que rezuma literatura, arte y humor en cada una de sus páginas (al tiempo que cumple con los cánones de toda buena novela de suspense), Tomás García Yebra descoyunta un mundo en el que se quiebra el tiempo y donde se desdibujan las fronteras entre la realidad y la ficción. Pero sobre todo, debajo de la sonrisa y las carcajadas que produce Los crímenes del Museo del Prado —novela paródica y esperpéntica nada al uso y políticamente más que incorrecta— se esconde una honda reflexión sobre la banalidad del hombre, su ambición desmedida, la finalidad de toda obra literaria, la omnipresente cultura de la imagen y esa gangrena que es el periodismo sensacionalista.

Opinión personal:

Lo entiendo como una crítica hacia los programas sensacionalistas, a sus espectadores y a los que siguen las modas sin pararse a pensar en el  porqué de cada cosa, a los que van o vamos como borregos...como Vicente ¿dónde va Vicente? donde va la gente...
Cargada de humor inteligente, ironía y mucho sarcasmo, los personajes, un tanto gamberros, elaboran un reportaje para un dominical viviendo una serie de peripecias de lo más disparatadas, algunas provocadas por ellos mismos, para dar cuerpo a un artículo sobre una exposición de Velázquez en el Museo del Prado.  Lo que vende es lo que llama la atención, aunque sea mentira, si no tenemos una historia la inventamos, si hay que matar a alguien se mata, esas son las instrucciones que les da el director de la revista y a partir de ahí todo está permitido
Los nombres de sus personajes como podéis leer en la sinopsis no son inventados del todo, hay cabida para todo, desde el periodista Larra, famoso (me refiero a esta novela) por su artículo "vuelva usted mañana", hasta José Zorrilla, Espronceda...   A los chorizos y corruptos les pone apellidos como "Manosligeras" o "Encausado". El narrador aparece también como uno de los personajes de la novela pero se le acaba cargando. No se salva nadie aquí.   A Picasso le tilda de misógino por considerar su obra "Las señoritas de Avignon" una burla a las mujeres. Y de las obras pictóricas qué decir, aparecen y desaparecen imágenes de los cuadros como si hubiera pasado Tamariz por allí, lo mismo te coloca la cara de  Mortadelo en "El jardín de las delicias" de El Bosco como hace desaparecer un esqueleto de "El triunfo sobre la muerte" de Brueghel.
El autor también ha querido hacer un hueco en la novela a su pueblo  Las Navas del Marqués y  las burradas que repiten cada domingo "algunos" moteros  el Puerto de la Cruz Verde y de las que soy testigo obligado.