miércoles, 14 de mayo de 2014

Doble artículo el el blog La Nave de los Locos sobre el libro de Ruben Loza 'Conversación con las catedrales'

PRIMER ARTÍCULO
Lo esencial de este libro que acaba de publicar la editorial Funambulista, recogiendo materiales muy variados, son las diversas entrevistas que su autor, escritor y periodista uruguayo, le hizo a Borges y a Vargas Llosa. Y a pesar de que les han hecho tantas, y muchas de ellas han aparecido como libros, siempre se encuentran nuevas opiniones, anécdotas curiosas, comentarios divertidos. El espacio dedicado a Borges es más breve, pero no menos atractivo. Así, nos recuerda el breve trayecto que frecuentemente solía recorrer el escritor, desde su piso en Maipú hasta la cercana librería La Ciudad. En la nueva y muy recomendable novela de Andrés Ibáñez, Brilla, mar del Edén, hay una escena en que Roberto B. (Bolaño) y otros compinches recuerdan algunos de esos letreros estrambóticos que se encuentran en los comercios. Aquí Borges se acuerda de uno que vio en un local de compadritos en los arrabales de Buenos Aires. Decía: PROHIBIDO ESCUPIR EN EL TECHO.
Entre otras cosas de interés, Borges le confiesa a Rubén Loza que "lo fundamental de un cuento es contar algo y hacerlo de modo claro". Apunta que en sus últimos cuentos "hay cierta sencillez, cierta deliberada pobreza de vocabulario, que es beneficiosa". Y respecto al modo de componerlos afirma: "primero es la fábula, el argumento y la situación"; luego decide dónde conviene que suceda, si en Buenos Aires, Adrogué o Palermo; en un vago Oriente o en un ambiente contemporáneo; y finalmente decide si utiliza la primera o la tercera persona...
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SEGUNDO ARTÍCULO
El narrador peruano, quien se definió siempre como flaubertiano, pues cree en la disciplina del escritor, insiste en el valor del lenguaje, "la música de la palabra", y reconoce que cada vez siente más inseguridad a la hora de escribir.
Reconoce también que el periodismo, sus artículos y reportajes, ha sido fundamental en su trayectoria, aunque alerta sobre los hábitos y estereotipos que puede generar.
El boom, comenta, supuso una apertura hacia el exterior y un alejamiento del provincianismo y del nacionalismo, con lo que oxigenó la literatura hispanoamericana.
Comenta diversos aspectos de La fiesta del chivo, una de sus mejores novelas, y establece las diferencias entre el nacionalsocialismo y el comunismo, que según él estribaban en las distintas intenciones de cada ideología. No cree en las utopías políticas y sociales, siempre difíciles de materializarse, pues sólo han traído consigo grandes catástrofes para la humanidad, sociedades invivibles.

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'Una erasmus en Bruselas' en El Placer de la Lectura

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Esta es una novela que rezuma frescura y buen humor, aunque entre líneas pone a caldo unas cuantas cosas. Cristina Vilanova, la protagonista, recuerda sus años juveniles de estudiante en Bruselas. Relaciones de amistad y amorosas, relaciones de trabajo, estudio, parafernalia y problemas típicos universitarios, etc. Todo ello demostrando un profundo conocimiento del tema, tanto estudiantil como la complicada madeja de la Unión Europea (CEE, entonces) en Bruselas, que el autor ha conocido por sus años estudiando y trabajando en la capital belga. Ambientada en el 88, antes de la caída del muro, está contada en dos líneas de discurso: el de la propia protagonista, en primera persona, y el de un narrador omnisciente que complementa lo que la joven estudiante, en su ingenuidad, no puede saber.
Cristina es una joven valenciana de 23 añitos, estudiante de Derecho y con novio en Valencia pero que, sin comerlo ni beberlo, es receptora de una beca Erasmus y sale para Bruselas chapurreando el francés y sin pajolera idea de inglés, pero bien aprovisionada de ardor juvenil y dispuesta a comerse el mundo. Y allí comienza a integrarse en la vida estudiantil universitaria, que va mucho más deprisa que la española. La vorágine  de las novedades le produce un vértigo y una especie de obnubilación. Nuevas amigas, nuevos amigos, nuevos amores…todo a la vez, casi. Encontramos muchos ecos a situaciones vistas en filmes como El diario de Bridget Jones, o Cuatro bodas y un funeral, por ejemplo. Sobre todo en cuanto a la comicidad de los temas y al ambiente juvenil. Cristina va abordando las múltiples dificultades que se le presentan, y a su vida universitaria se le añaden preocupaciones y conflictos respecto a su futuro próximo, incertidumbres que casi todos hemos tenido a esas edades cuando se pasa de la protección familiar y el ambiente festivo estudiantil a lanzarse al terrible mundo laboral, a la competencia y a la dureza que supone. Y si además, le añadimos el ingrediente del amor (o el sexo), pues la cosa se complica. Y Cristina, como todos, tiene un límite…
Pero no sólo es ese el tema de la novela, si bien es el central. Hay un macguffin, que diría Hitchcock, una excusa o motivo recurrente que, al modo de las muñecas rusas, encontramos una dentro de la otra. Y esa otra historia es más complicada, nos trae ecos de Simenon…y diría más, del propio Hitchcock. Unas joyas de familia desperdigadas a lo largo de siglos están siendo buscadas y encontradas…en manos de diversos dueños. Una de ellas la tiene Cristina, herencia de su bisabuela. Ello la sumerge en una trama de intriga en la que algunos no son lo que parecen y otros son claramente corruptos y traidores. Con esa historia, el autor nos muestra que no es oro todo lo que reluce, y que hay una trastienda en todo este mundo de la alta política y las finanzas, de los cargos de la Europa comunitaria, del mundo universitario europeo y hasta de los propios estudiantes, movidos cada uno por motivos insondables.

viernes, 9 de mayo de 2014

Artículo en El Mundo con referencia a "No hay dos iguales", de Judith Rich Harris, que en breve publicará Editorial Funambulista

Querido J:
En un fragmento de No two Alike (No hay dos iguales), su último libro que cabe esperar que no lo sea y que Editorial Funambulista va a publicar en castellano, Judit Rich Harris describe con su habitual inspiración la niñez en las sociedades primitivas: «Es difícil imaginarse lo que debía de ser la crianza de un hijo en tales condiciones. Habrías de cargar con el niño a todas partes durante tres o cuatro años hasta que pudiera caminar lo suficientemente bien como para no quedarse rezagado del grupo. A través de la lluvia, el viento y la noche tendrías que andar penosamente con esta pequeña criatura mojada, sucia y hambrienta allá donde fueras. Se necesitaba un esfuerzo tremendo sólo para mantener a un niño con vida, pero nuestros ancestros tuvieron que hacerlo porque aquí estamos».
La otra tarde, en un arrabal de Madrid, recordé este párrafo. Mario Bunge hablaba en la Facultad de Derecho de la Uned. Ya sabes cuánto aprecio a este hombre. En especial, por esa manera limpia de observar los problemas del conocimiento que no está contaminada por las opiniones políticas ni por el sectarismo gremial. Bunge es un hombre de izquierdas que ha criticado duramente a la izquierda por su desprecio de la verdad. Es un filósofo que declara que no puede hacerse filosofía sin la ciencia. Y es un científico al que le parece más científica la historia que la cosmología.
Creo que ha tratado con demasiada rudeza el trabajo de Dawkins, Pinker, Dennett y otros representantes de lo que llama con desprecio la ciencia pop; y que su calurosa celebración de la epigenética, esa suerte de genetismo socialdemócrata, está más cerca de la política que de la ciencia. Pero son detalles marginales en un hombre que dice, como dijo el viernes en Madrid: «La ciencia y el cientificismo siguen siendo dos de las bestias negras del partido oscurantista, que hoy día incluye no sólo a los reaccionarios, sino también a muchos sedicentes progresistas».
No hay demasiada gente que señale con esta precisión el combate de nuestra época, que se libra no sólo contra las formas transparentes del oscurantismo, sino también, y principalmente, contra las enmascaradas. Bunge, que había venido a la Uned a hacer un elogio del cientifismo, a demostrar a través de un agudo recorrido por la historia de las ideas por qué «el espíritu de la ciencia» y «la actitud científica» son «la mejor manera de encarar los problemas del conocimiento» tiene, además, una elegancia expositiva que tú tampoco dudarías en calificar de «natural».

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lunes, 5 de mayo de 2014

'La estética del bólido' en la revista Clásicos Populares


'Conversación con las Catedrales' en la revista cultural Agitadoras

Mario Vargas Llosa y Jorge Luis Borges. Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa. Dos de los escritores más lúcidos, exitosos y brillantes del siglo XX. Dos polemistas de rango planetario. Dos tótems sagrados de la literatura contemporánea. Dos intelectuales que lo han dicho todo y sobre los que, en apariencia, todo se ha dicho. Pero como esas sorprendentes minas que siempre guardan una reserva ignota de oro, o como esa chistera de prestidigitador de la que brotan inesperadas palomas, he aquí que el uruguayo Rubén Loza nos entrega, gracias al sello Funambulista, un delicioso volumen donde recopila charlas y consideraciones de interés sobre ambos escritores, que aportan novedades y ángulos inesperados sobre los dos genios. El tomo se titula Conversación con las Catedrales (Encuentros con Vargas Llosa y Borges) y presenta un agradable formato de bolsillo, que se completa con el agrado de su contenido, lleno de anécdotas e informaciones golosas. La presentación que firma el propio Loza no puede ser más gráfica: “Uno y otro hablan de la literatura, de cómo escriben sus cuentos y sus poemas, del goce de la lectura, del germen de muchos de sus libros, del mundo en que vivimos, de la política, de la libertad y la democracia, así como de la falta de ambas, y también del compromiso del escritor con su tiempo, del regocijo de estar vivos, sobre la posibilidad de soñar y la capacidad de admirar” (p.14). ¿Se puede concebir una presentación más tentadora? Pero es que luego las páginas posteriores no desmerecen de tan primoroso arranque… Vargas Llosa reconocerá que siempre pensó en Borges como el más justo ganador del premio Nobel (p.27), califica de “pedestre” al presidente norteamericano George Bush (p.42), se muestra convencido de que Juan Carlos Onetti “va a pasar ese examen definitivo que es la prueba del tiempo” (p.69) y comenta su particular sistema de escritura, tan metódico como eficaz. Jorge Luis Borges queda retratado como un gigante de las letras, que jamás tuvo suerte en el amor, al que desdeñaron estúpidamente desde la Academia Sueca y que siempre hizo gala de un sentido del humor más hondo del que pudiera pensarse.

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El nuevo libro de Tomás García Yebra en el Diario de Navarra

"No nos enseñan a pensar; tan solo nos adoctrinan para que avalemos los intereses de los gobiernos de turno". Sobre esta idea pivota 'El profesor chiflado y Mister Wert' (Funambulista), una novela valiente y provocadora que indaga en los porqués del continuo naufragio de nuestros sistemas educativos (tal como nos lo recuerdan -una y otra vez- los informes Pisa).

El protagonista de la obra, don Eufrasio Tónico, imparte clase de Lengua y Literatura en un colegio finlandés de Madrid. Sus revolucionarios métodos, su amenidad, su cercanía y complicidad con los alumnos contrastan con "ese profesorado que todos hemos padecido: rutinario, plomizo y falto de creatividad", afirma Tomás García Yebra (Madrid, 1956), un periodista vinculado a Vocento desde hace más de 20 años. "Saber enseñar no está al alcance de cualquiera", sostiene. "Tú puedes saber muchísimo de la vida de Napoleón o del Quijote y luego ser una persona negada a la hora de transmitir esos conocimientos. Para enseñar hay que motivar y cautivar".

Ahí, según García Yebra, radica la diferencia entre el profesorado finlandés y el nuestro. "En Finlandia tienes que demostrar tus capacidades pedagógicas, mientras que en España te exigen que apruebes unas oposiciones", explica. "Si te sabes el temario como un papagayo las aprobarás, lo cual no garantiza que seas un buen profesor. Los profesores, en los países nórdicos, están bien considerados y bien retribuidos, lo contario de lo que sucede aquí".

El autor de 'Los crímenes del Museo del Prado' piensa que el problema de la educación en España viene de muy atrás y no tiene fácil solución. "¿Qué se puede esperar de un país que ha inventado el género de la picaresca?", pregunta irónico. El pícaro, afirma, se cuela en todos los estamentos y empapa nuestra convivencia. "Hay infinidad de pícaros entre los políticos, los banqueros, los jueces, el mundo de las finanzas y en la propia ciudadanía".

En un alarde de autocrítica se incluye en este paquete. "Si a mí me aseguran que con tal o cual maniobra en mi declaración de la renta voy a pagar doscientos o trescientos euros menos a Hacienda, me tiro de cabeza". En Finlandia, sostiene, ese tipo de comportamientos resultan impensables. "El niño finlandés que copia en la escuela es un tramposo, y el adulto que defrauda a Hacienda es un impresentable listillo a quien no hay que dirigirle la palabra. ¿Cómo corregimos esta mentalidad de pícaros, tan arraigada en nuestra cultura? Seguramente con educación, pero necesitamos décadas -o siglos- para conseguirlo".

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