miércoles, 9 de diciembre de 2015

"CARTAS DE UNA NOVICIA": MATAR EL AMOR TRAS LOS CERROJOS DE UN CONVENTO

Giovanni Verga, el autor de Cartas de una novicia, es el escritor más significativo de la corriente literaria verista, una tendencia surgida en Italia en el último cuarto del siglo XIX, y que recibe la influencia del naturalismo francés, especialmente a través de Balzac. Giovanni Verga, como buen verista, retrata, en su literatura, una serie de personajes y situaciones extraídas especialmente de las clases bajas, de los “vencidos de la vida”. En su literatura apuesta por lo que él llamó “el ideal de la ostra”, es decir, la tendencia a reproducir el acerbo costumbrista tradicional, la resignación ante la dureza de la existencia, anclada en una sociedad arcaica, cerrada, expresando, sin embargo, sentimientos simples y los valores típicos de las sociedades tradicionales (rígida concepción de la jerarquía familiar, un sentimiento arcaico del honor).Y sin creer, al contrario de los naturalistas franceses, en la fuerza salvadora del progreso. El verismo de Verga es pues una visión sumamente pesimista que actúa como caldo de cultivo de sus novelas (Nedda, Tigre real y en el ciclo Los vencidos). También alimenta su Storia de una capinera, la novela que le dio a conocer en 1871 y que ahora Editorial Funambulista nos permite leer en español, bajo el rótulo de Cartas de una novicia (Historia de una curruca), cuya tonalidad se halla perfectamente reflejada en unas palabras del prefacio de la primera edición, escritas por Francesco Dall’Ongaro: “páginas de una vida de dolor y abnegación reproducidas en vivo por el narrador”.

   La protagonista de la novela es María, hija de un modesto empleado y huérfana de madre. A la edad de siete años es recluida en un convento de Catania. La pobreza la había destinado a ser monja de clausura. A causa de una epidemia de cólera que azotó en 1854 la ciudad siciliana, María es enviada a la casa de campo de su padre, en Monte Ilice. Allí vive con la familia desde el 3 de septiembre de 1854 hasta el 7 de enero del año siguiente. Todo lo que de ella conocemos nos lo proporcionan las cartas que escribe a Marianna, una amiga del convento. Le habla de su familia y especialmente de la madrastra a la que le cuesta mucho llamar madre. Y sobre todo, del maravilloso paisaje del Monte Ilice, que representa todo lo contrario al ambiente del convento de clausura, con sus paredes grises y viejas. Disfruta con el amor de la familia y con la amistad y afecto de unos vecinos, con cuyo hijo mayor es forzada  a bailar y que terminarán profundamente enamorados, lo cual hace que María se sienta pecadora. Pero incluso así, ama su pecado.
 

Profesor de belleza

Antes de que en 1909 se recluyera en su alcoba para escribir En busca del tiempo perdido, Marcel Proust (París 1871-1922), dedicó una  buena parte de sus afanes cotidianos a ser alguien en la vida de sociedad que se desarrollaba en los salones de la alta sociedad parisina. Ese coto cerrado de los salones que luego reflejaría en su “mundo de Guermantes” o en el “demimonde” de los Verdurin, tuvo en el joven esnob, amante del arte y la literatura de Ruskin, un cronista de sociedad en Le Figaro a la manera clásica del escritor “diletante” que paga y cobra sus favores entre sus protagonistas.

[...]

Otra cosa bien diferente es Profesor de belleza, un conjunto de cartas y obras intercambiadas entre Proust y el que fuera el principal modelo (ya se sabe que todos los personajes de La recherche, no están basados nunca en un modelo único) de Charlus, que uno no acaba de entender por mucho que el recopilador se empeñe en vendernos el producto envuelto en lo que tienen entre sí de complementarias las obras de ambos escritores. Si uno lee la biografía clásica de Proust, debida a George D. Painter, se dará cuenta de la complejidad que del principio al final tuvo la relación entre los dos escritores. Si a ello se añade la ausencia de prólogo, del origen de todos los escritos y de ninguna explicación al respecto en cuanto a criterios de selección, no deja uno de preguntarse su sentido, más allá de aprovechar el tirón del nombre de Proust.   


LEER MÁS

martes, 1 de diciembre de 2015

"El olor de la lluvia en los Balcanes" en Sonograma Magazine

El olor de la lluvia ne los BalcanesNos llega a través de la editorial Funambulista, en su búsqueda de trabajos narrativos de gran calidad o tal como ellos indican de obras literarias en estado puro, la primera novela de Gordana Kuic (Belgrado, 1942); publicada por primera vez en 1986 se convierte, rápidamente, en un gran éxito de crítica y de público en los países surgidos de la antigua Yugoslavia. Se trata de la primera novela de una saga, la Saga Sefardí, formada por seis títulos más: El florecer de los tilos en los Balcanes, Crepúsculo en los Balcanes, Fantasmas sobre los Balcanes, La leyenda de Luna Levi, El cuento de Benjamin Baruh y Al otro lado de la noche. Estamos delante de un gran fresco histórico que relata la compleja historia de los Balcanes a través de la familia de la autora, concretamente de su madre y sus cuatro tías pertenecientes a la familia Salom, originaria de los judíos sefardíes expulsados de España por los Reyes Católicos.
La trama se inicia antes de la Primera Guerra Mundial y narra las vicisitudes de la familia Salom, formada por el padre León, su mujer Esther, cinco hijas, una de ellas, Blanki, la madre de la autora, y dos hijos hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Una historia bien tramada y elaborada, donde la autora se ha basado en el legado de su familia a través de las cartas, de documentos históricos y recortes de prensa. El hilo narrativo nos lleva a un Sarajevo donde habitan con armonía las comunidades turcas, serbias y judías; ésta última, como originaria de la península ibérica, tiene como lengua el ladino, es decir, la lengua judía castellana del siglo XV; a través la familia Salom seremos testimonios de como la comunidad judía se ha mantenido fiel a su tradición religiosa y cultura, pero, también hay situaciones tratadas con cierto humor cuando una de la hijas, Nina, se enamora de un serbio de tradición ortodoxa y como la familia se adapta a esta relación.
Sin duda esta narración es un fresco histórico, como indicábamos anteriormente, porque la autora describe, con todo detalle y en un estilo ágil, las costumbres de estas comunidades en el vestir, en la gastronomía, en la música y en la tradición religiosa; de tal manera, hay momentos, que el lector se siente partícipe de las ceremonias y reuniones familiares. Además ayuda al lector a comprender la situación de las comunidades serbias, bosnias, judías y musulmanas en el entramado del Imperio Austro-húngaro, antes y después de la Primera Guerra Mundial. No es de extrañar que la obra haya tenido tanto éxito en su lugar de origen, llegando a realizar adaptaciones teatrales y televisivas.

LEER MÁS

El libro 'Un amor como este' reivindica a Ofélia Queiroz, "la única opción" de Pessoa para huir de la autodestrucción

El escritor Luis Morales acaba de publicar la novela 'Un amor como este' (Funambulista) en el que se profundiza en la figura de Ofélia Queiroz (1900-1991), conocida popularmente como la 'novia' del portugués Fernando Pessoa y que, a su juicio, fue su "único amor y su única opción para salvar al poeta de la autodestrucción".
En una entrevista con Europa Press, Morales ha explicado que su novela aborda "la condición de hombre" de Pessoa, "con toda su torpeza y limitaciones propias de los hombres, su incapacidad de amar, su frustración de querer realmente amar y no ser capaz, no le salían los sentimientos".
"Lo patético y al mismo tiempo lo extraordinario es que da con una Ofélia Queiroz, una chiquita convencional pero al mismo tiempo con una serie de virtudes que sabe ver en él a un hombre perdido, que se enamora perdidamente y que le espera durante toda su vida, y que mal que bien le hubiera dado esa oportunidad de realizarse sentimentalmente-- añade el autor--. Por eso reivindico a Ofélia como la única opción en realidad que hubiera tenido Pessoa para salvarse de la autodestrucción".
En octubre de 1919, el poeta Fernando Pessoa conoció a Ofélia Queiroz en las oficinas de la Baixa lisboeta donde ella entró a trabajar como mecanógrafa a los 19 años de edad, cuando él ya ejercía como traductor de correspondencia comercial. Al poco tiempo iniciaron una relación amorosa hasta noviembre de 1920 que, tras nueve años de separación, retomaron en verano de 1929 para frustrarse de nuevo, ya definitivamente, al cabo de los meses, aunque el contacto se mantuvo hasta la muerte del poeta, en 1935.
Según Morales, la muerte de Pessoa "fue un suicidio programado", como consecuencia de su adicción al alcohol, un aspecto que se detalla en esta novela concebida "para todos los públicos", en la que se aúnan aspectos de su biografía con fragmentos de sus poemas pues "siendo un autor que en vida fue tan desgraciado, no paran de salir cosas de su legado". Todo ello ambientado en la ciudad de Lisboa y "con el descubrimiento y reivindicación que supone la figura de una mujer, Ofélia".
Por ello, como ha detallado Morales, la novela en un momento dado se pregunta "¿qué fue de Ofélia Queiroz?", ya que no se trata sólo del único amor de Pessoa y la destinaria de sus cartas, "sino también una señora que vivió hasta los 91 años y fue viendo lo que el tiempo y el destino hizo con Pessoa", cuyos restos descansan en el Monasterio de los Jerónimos de Belém, en Lisboa, donde descansan los grandes de la patria portuguesa.

LEER MÁS