lunes, 18 de enero de 2016

Bailando con elefante y gato, de Yoko Ogawa, en el Diari de Tarragona


"Luz, oscuridad y sexo", artículo sobre "La noche sexual", de Pascal Quignard

La luz y la oscuridad son las dos caras diferenciadoras de la vida y la muerte. En el arte, plástico, pictórico y fotográfico, las interacciones de ambas suponen el abanico más extenso de significaciones y significados. El sexo es lo que los une a todos.
Editado por la editorial Funambulista, La noche sexual se presenta como un memorándum lírico sobre los conceptos, los iconos y los extractos del ideario natural que al hombre y al arte sitúan en el entorno sexual. Pascal Quignard deambula por su libro mostrándonos destellos de los contrastes más extremos de ambos y alzando al lugar merecido al único componente que intercede entre ambos; el sexo.

El propio Quignard cuenta que su interés por publicar el libro se vio acrecentado tras su visita a Estados Unidos, que coincidió en el tiempo con la votación de la ley americana “contra las imágenes indecentes”. Al amparo de su extensa obra y con la pretensión de extender una protesta, aparecieron la mayoría de capítulos que integran el libro.
Aurora Consurgens, Siglo XIV
Aurora consurgens, ilustración alquímica del siglo XIV
La extensa colección de piezas de arte del autor relacionadas con la sexualidad componen un paseo al mundo interior del ser humano y la potestad del sexo como integrador y segregador del hombre a través del propio hombre.
Ya lo sentencia la propia traductora del libro, Paz Gómez Moreno, sobre su tarea desbordante; “traducir “La noche sexual” es traducir la guerra encarnizada que lleva a cabo el lenguaje literario contra la misma materia que lo conforma.”. Y es que Quignard establece en los veintisiete capítulos del libro su relación con el lenguaje, y el lenguaje de este con el tema tratado, con la lucha de la luz y la oscuridad que se lleva todo el libro y la violencia sexual que surge de la refriega.

LEER MÁS

martes, 5 de enero de 2016

"Aquellos días que no olvidaré es una joya incalculable. Por su altísima calidad literaria y por ser testimonio de nuestra debacle." (La cueva de los libros)

La literatura se convierte en mucho más que un pasatiempo cuando el escritor transmite en sus libros parte de su alma. En aquellos días que no olvidaré el autor en cambio se vacía por completo, se desnuda ante un público que llega a sentir como propio su desesperado lamento, su terrible desesperación, su angustia, su miedo. Él es el protagonista. El personaje central de una pesadilla que no tiene fin. Aquí, en esta narración sorprendente, Santiago Amigorena cuenta la traición de su mujer, la bellísima actriz Julie Gayet, que lo dejó por otro, que lo rompió por dentro. Y cómo lo cuenta es casi tan impresionante como la historia misma.


Amigorena, conocido guionista y escritor, educado en Francia pero nacido en Argentina, ha dejado en este libro palabras para el recuerdo. El desamor sufrido por la infidelidad de su mujer pone en marcha este explosivo relato, comunicado todavía con los sentimientos a flor de piel, mediante palabras que traspasan la materialidad de las hojas de papel, a partir de verdades que, por desgracia, cada vez son más actuales y dramáticas. 

La traición es sin duda una ofensa desgarradora, una injusticia que, para la víctima, se recibe como uno más de los pecados que claman al cielo. Amigorena confiesa su dolor y lo conjura al mismo tiempo a través de la escritura. Sabe sin embargo que penas tan grandes dejan una profunda huella. ¿Pero no es esto común a la especie? Por eso la persona traicionada por el hombre o la mujer que ama experimenta un deseo repentino de morir, una sensación de vacío interior, de oscuridad, de desilusión, de apatía por la vida, de desengaño, de recelo. Porque todo hombre y toda mujer necesita en el fondo el amor sobreabundante de la Piedad, de la figura magistral confeccionada por Miguel Ángel, del abrazo eterno de la madre, del cariño infinito de alguien que nos arrope hasta el último instante. Porque todo hombre y toda mujer venimos al mundo heridos, con una sed misteriosa y desesperada: necesitamos que nos amen. Y por eso no es posible pedir el amor total a nadie. Porque la criatura nace con límites. Limites para amar, pero también para dolerse.

LEER MÁS