martes, 31 de mayo de 2016

Strindberg en Sonograma Magazine

StrindbergNo solo es un placer, sino un auténtico gozo leer el apasionado prefacio escrito por Elda García-Posada sobre la biografía de August Strindberg, escrita por el periodista y bibliotecario Jordi Guinart. Nadie mejor que Elda podría describirnos la zozobra que debió sentir ella misma cuando se hizo consciente de que, definitivamente, una figura o espíritu tutelar la iba a acompañar siempre; lo que en sueco se nombra con la palabra fylgja. August Strindberg ha acabado siendo su fylgja. Esto da una sensación envidiable de fuerza y de placidez.
Guinart, que acaba de publicar Strindberg. Desde el infierno en la editorial Funambulista, es especialista en la obra del fascinante escritor sueco; conoce sus obsesiones, su imaginación, sus ambiciones, sus adulterios, sus hogares perdidos, sus paseos por el jardín botánico de París, su piano, su estancia en Lund, sus experimentos alquímicos y lingüísticos…Guinart lo sabe casi todo, de August. Se trata de la primera biografía en castellano del escritor y dramaturgo sueco; un hombre que conservó intactas todas las rarezas de una alma perdida en una noche fría, helada, glacial; un espíritu libre que anhelaba que la divinidad se apoderase de él.
No debió resultar nada fácil escribir una biografía sobre Strindberg, un hombre tímido y sensible con una personalidad arrolladora y compleja -con algún trastorno psíquico- que utilizó el arte para mostrar la crueldad de la vida. Sin más.

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viernes, 27 de mayo de 2016

El grito más amargo de Suecia

El grito más amargo de Suecia
Hace más de treinta años, el traductor Francisco Uriz decía en su edición del «Teatro escogido» de August Strindberg: «En el otoño de 1894 llega a París con la intención de conquistar la ciudad, tan-to en el terreno literario como en el científico. Pero lo que le espera es un largo periodo de soledad y miseria, en el que sufre la más profunda crisis de su vida, la que llamó «crisis de Inferno». De aquella visita surgiría precisamente su obra «Inferno», en la que Dios adopta, en el breve diálogo con el que daba inicio, la figura de hacedor cruel que inventa problemas para la humanidad frente a un indignado Lucifer. Tal cambio de papeles suponía una premisa simbólica para lo que acontecería después: un relato de un químico y escritor que buscaba alejarse de todo, incluso de su mujer y sus hijos. Una huida demente, en aquel caso, en la que su protagonista adivinaba «la existencia de una mano invisible que dirige la lógica inexorable de los acontecimientos».
Strindberg se refería a la funesta Providencia, que lo gobierna todo, quedando convencido de que la muerte le perseguía; un temor que le incitaba a apuntar mínimos movimientos convertidos de repente en convulsiones anímicas, extractos de sus sueños, a la vez que descubría «Los arcanos celestiales», la principal obra teológica de Emanuel Swedenborg. Todo un descubrimiento para el demente Strindberg, que ya entrevía una crisis religiosa condimentada con el abuso de estimulantes, ajenjo y bromuro potásico: el científico y místico sueco del siglo XVIII le confirmaba que el infierno estaba en la tierra. De modo que Jordi Guinart ha elegido el título más apropiado para su biografía del autor de Estocolmo con esa referencia a lo infernal.

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jueves, 19 de mayo de 2016

El sencillo arte de desvanecerse, de Eduardo Gallarza



El sencillo arte de desvanecerse, de Eduardo GallarzaUna siesta nunca es mal recibida
Autor de “El soviet de los vagos”, Eduardo Gallarza es de los que opinan que el mundo tiene múltiples opciones y cada uno va encontrando acomodo en su lugar.
Así, en el libro de relatos que hoy presentamos, el primero de ellos –“Fotos y letra impresa”- se nos presenta a un bibliotecario que trabaja en un casino. Allí, sin muchas más expectativas que contar los tantos de las partidas de billar de los socios y atender de vez en cuando a los usuarios de la biblioteca, pasan sus días sin más pena ni más gloria. Sin embargo, el hombre se ha adaptado a aquello.
En sus comienzos, tenía la esperanza de la docencia, un gremio en el que es fácil descarrilar. En “Las partículas elementales”, de Michael Houllebecq; encontramos un caso parecido. El caso es que el hombre ha asumido su rol en la sociedad pero tiene la posibilidad de salvar a un alma gemela. Un profesor recién llegado de Gran Bretaña con un problema similar. Por si fuera poco, el recién llegado, un poco tímido, acude a la biblioteca y gasta casi toda la velada conversando con el bibliotecario.
A la hora de volver a casa, aparece su en escena que le presenta a las personas que habían estado buscándole toda la noche. De ese encuentro con el bibliotecario surge la idea maestra y un trabajo de estos por los que muchos matarían, con subvenciones, bendiciones varias, presupuesto, plató de televisión… En definitiva, una auténtico chollo.
El segundo desvanecido del libro es el protagonista de “Otro continente” En este caso, un fotógrafo que trabaja en la antigua Yugoslavia comunista. El lobo-fotógrafo se dedica a trabajos habituales en el gremio: bodas, bautizos, comuniones… Sin embargo, su afición, el instinto cazador del fotógrafo-lobo, le lleva a ir descubriendo caras conocidas al tener demasiado tiempo libre.
Organiza sus propios puestos de caza y encuentra abundante material hasta el punto de verse acorralado por una trama de corrupción, tráfico de armas y de más, a su vez, resulta cazado por quien se ha enamorado de él.

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lunes, 9 de mayo de 2016

Strindberg - Desde el Infierno en El Librario Íntimo


El sueco August Strindberg, como muy acertadamente señala Jordi Guinart, autor de esta memorable biografía que publica el sello Funambulista, “figura entre los dramaturgos más importantes de la Historia” (p.367). Tan sólo ese hecho debería bastar para interesarse por algunos detalles de su vida. Pero es que además nos encontramos con un hombre que estuvo oscurecido (o quizá iluminado, quién sabe) por innumerables anécdotas, que salpicaron su existencia de escándalos, polémicas, incertidumbres, opiniones enfrentadas y neblinas. Con una documentación amplísima y con una enorme capacidad para ordenar e interpretar los hechos, el biógrafo barcelonés nos presenta en Strindberg. Desde el infierno un libro valioso y de amena lectura.
Nos enteramos en sus páginas de que los padres del dramaturgo se conocieron en una posada, donde ella era camarera; que formaron un hogar tumultuoso y lleno de tensiones; que Strindberg se enamoró en su juventud de la baronesa Siri Von Essen y que contrajo matrimonio con ella cuando la mujer obtuvo el divorcio; que fue sometido a juicio por insultos a la religión; que fue un personaje misógino, polémico y con accesos puntuales de violencia (llegó a propinarle un puñetazo a Siri); que fue zarandeado por obsesiones de lo más peregrinas (creyó que quería envenenarlo, que lo perseguían, que tenía a varios espías acosándolo); que fue aficionado a la alquimia, a la filología, a la pintura y a la fotografía; que llegó a hablar ocho idiomas, incluido el chino; que admiró a Nietzsche (explica Guinart que en ocasiones se enfrascaba en “extrañas utopías, como la de recluirse en un convento y dedicarse a filosofar, y cuando se hubiera convertido en el Superhombre nietzscheano, abandonarlo y construir un barco vikingo de color dorado” (p.231); que afirmaba tener pulsiones suicidas desde la edad de 7 años; que fue un bebedor ferviente, que amaba el vino y la absenta; que elaboró “un estudio sobre la mariquita” (p.108); que tenía una cabeza muy pequeña e intentaba disimularlo alborotándose el cabello hasta alcanzar “el aspecto de un león encrespado” (p.299); o que tenía un pene que, en erección, alcanzaba las dimensiones que se indican en la página 150 del tomo.

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viernes, 6 de mayo de 2016

Reseña en Librújula sobre "Strindberg - Desde el Infierno", de Jordi Guinart

El autor de la primera biografía de Strindberg en español ('Desde el infierno', Funambulista) nos explica por qué hay que leer hoy día al “Cervantes sueco”.
Es curioso que, precisamente ahora, pocos años después de la celebración del centenario de su muerte, y cuando más y mejor se está editando su obra en español, todavía no sepamos gran cosa del legado artístico y literario de August Strindberg, el Cervantes sueco. Hasta que Acantilado (con Inferno y El salón rojo), Nórdica (Cuentos; Strindberg, escultor, pintor y fotógrafo y Casarse), Mármara (Solo) o Funambulista (Banderas negras) no publicaron algunos de sus textos más relevantes, prácticamente solo conocíamos su obra dramática, editada por Alianza. Pero, como verán, Strindberg es prácticamente inabarcable. Sus obras completas suman un total de 72 volúmenes (incluyen autobiografías, cuentos, novelas, ensayos históricos y científicos, además de poesía) y escribió más de 10.000 cartas. Resulta que Strindberg, fanático de Balzac y su monumental Comedia humana, fue un paso más allá y, en lugar de crear 3.000 personajes, como el célebre escritor francés, creó una confusión entre géneros literarios única. Lo escribía Hjalmar Söderberg en El juego serio: los suecos estaban consternados cuando Strindberg publicaba un nuevo libro, porque eran incapaces de distinguir si era una obra de ficción o una autobiografía. No sabían cuánto había de real en sus páginas, y cuánto de inventado. Y las esposas de Strindberg, que sí sabían qué había de cierto o incierto en las novelas, con frecuencia veían expuestos detalles de sus vidas íntimas, y debían salir al paso de las habladurías de la gente.
Es muy complicado definir a Strindberg y su obra (fue dramaturgo, científico, periodista, historiador, alquimista, escultor...), pero es casi imposible sentarlo en un diván y desentrañar su fascinante personalidad. Causante de la mayor polémica periodística en Suecia (la denominada “Contienda Strindberg”, con epígrafe incluido en las enciclopedias suecas), también provocó a propios y extraños con sus arrebatos misóginos, que, para liar más las cosas, mezclaba con un feminismo visionario. Una dicotomía en cuanto a la mujer que, de alguna manera, desembocó en unos supuestos brotes psicóticos y delirantes, que padeció durante su primer divorcio y su estancia en París. En suma, Strindberg poseía un carácter fascinante, único, el característico de un genio pero, como todo en la vida, el lector español quizá se haya dejado influenciar por las luces de neón y esa gran palabra: la locura.